Octubre, mes del Rosario y mes misionero

«El Rosario es oración adecuada para implorar los auxilios del Señor y de la Santísima Virgen y una escuela de la vida espiritual, pues teniendo que meditar, juntamente con el rezo de las oraciones vocales, los misterios de la vida, Pasión y Muerte del Señor, así como los que atañen a la glorificación del mismo y de su Santísima madre, no podemos menos de pensar en los motivos que nos impele a emprender la vida del espíritu.

Quien rece asiduamente el Rosario no se entregará a la tibieza, sino que irá adelantando de virtud en virtud hasta llegar a la cumbre de la perfección. Con razón, pues, hemos calificado el Rosario de verdadera escuela de santidad.» 

(Directorio Espiritual Carmelita del P. Juan Brenninger, O.Carm.) 

MISION DE LA MONJA CONTEMPLATIVA EN LA IGLESIA


 En el corazón de la Iglesia “Yo seré el Amor”

“La Iglesia peregrina es misionera por su naturaleza”. Está llamada y enviada por Dios para ir al mundo y predicar la Buena Nueva, y así perpetuar la presencia de Cristo en la historia. Las monjas carmelitas de clausura también somos parte de esta Iglesia misionera. Con nuestra oración queremos estar atentas a las necesidades de la gente, ya que poseemos una energía inmensa a través de la oración, capaz de transformar el mundo. Hasta que la esperanza del Reino de Dios no llegue un día a su pleno cumplimiento, estamos unidas con la humanidad en sus dificultades. Como mujeres consagradas, podemos participar con amor en las luchas de los demás, siendo un símbolo de esperanza para ellos.

Decía Sta. Teresita del Niño Jesús, citando a San Pablo: 

“Sólo el amor puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia”. “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.»

Con la energía de este amor, las monjas carmelitas de clausura influimos misteriosamente en el crecimiento del Reino de Dios en nuestro mundo, de un modo eminentemente espiritual. Con Santa Teresita decimos: 

“Sí, encontré mi lugar en la Iglesia… en el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el Amor”. 

(Entresacado de la Ratio Monialium, documento de formación para las Monjas Carmelitas)

Santa Teresa de Lisieux nos ha dejado un mensaje misionero excepcional por su sencillez y profundidad. Sin salir de su convento, se convirtió en una verdadera misionera que nos enseña aún hoy la importancia de la colaboración espiritual con las misiones. Rezar por las misiones y los misioneros es una forma de colaborar a la que están llamados todos los fieles, escuchando y meditando la Palabra de Dios. La oración es el don y la fuerza que necesita la Iglesia para desarrollar la labor misionera cada día.

Pío XI, el “Papa del Domund”, declaró a Santa Teresita Patrona de las Misiones en 1927, calificando a esta santa como “una palabra de Dios”, “milagro de virtudes y prodigio de milagros”, “verdadera rosa de amor caída del cielo a la tierra para maravillar la tierra y el cielo”, “obra maestra de la naturaleza y de la gracia”…

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