En primer lugar, quiero dejar constancia de los padres que el Señor me regaló. Estuvieron muy pendientes de la formación religiosa de sus hijas. Diariamente se rezaba el rosario en familia y su actuar era siempre de acuerdo con la ley de Dios y de vivir de cara a Él.
Cuando yo contaba con 14 años fue providencial que llegase al pueblo un sacerdote joven que dio un nuevo impulso a la práctica de los sacramentos y a la asociación de Acción Católica y fui entrando con mucho entusiasmo en lo que se refería a la vida parroquial.
Cuando contaba con 15 años fui con una amiga a Piedrahita y ésta me invitó a acercarnos a las Monjas Carmelitas que allí había, con motivo de adquirir unos escapularios (digo que había porque en el año 2013 terminó la Comunidad y las dos hermanas que quedaban se trasladaron a este Monasterio). Al acercarnos al torno y oír a la hermana, quedé impactada. Sentí una paz como nunca hasta ese momento había sentido, tanto fue así que una vez en la calle dije a mi amiga que quería entrar de nuevo y ya nos pasaron al locutorio. Hice preguntas y como que todo encajaba a mi medida… A partir de ese momento comenzaron las visitas y también una gran lucha conmigo misma ¿sería en verdad lo mío una llamada? Cuando llegaba a casa dudas y oscuridad, por el contrario, cuando me acercaba al Monasterio todas las dudas se disipaban y me embargaba una gran paz. Un sacerdote me decía que él creía que era vocación. Cuando me decidí se lo comuniqué a mis padres que en ningún momento se opusieron a pesar de mi corta edad. Los meses que precedieron a mi entrada en el Monasterio fueron de mucho sufrimiento para ellos.
Ingresé en el Monasterio de Piedrahita recién cumplidos los 16 años. Unos años más tarde me trasladé a esta Comunidad de Ntra. Señora de Maravillas. He sido muy feliz y siempre le daré gracias al Señor por haberme llamado a estar con Él en esta Orden del Carmen.
Hna. Mª Rosario Almohalla

