Julio, mes de la Preciosísima Sangre de Cristo

Ofrecimiento de la Preciosísima Sangre de Cristo

Sta. Mª Magdalena de Pazzi

¿Con cuanto amor y confianza la ofrecía a Dios para obtener misericordia y perdón a las almas?

«Yo te ofrezco Oh Verbo» toda la sangre que derramaste en la circuncisión en la oración que hiciste en el huerto con tanta agonía y la que derrama te en la columna y en toda tu Pasión…

Te ofrezco a ti, Padre toda la sangre de los mártires en unión de la que derramó vuestro verbo.

Te ofrezco toda las palabras y obras de los santos Apóstoles en unión de la sangre del Verbo. Te ofrezco la pureza, la hermosura y unión de las vírgenes, en unión de la sangre
del Verbo…

Te ofrezco todos lo méritos y obras de todas las criaturas la humildad, la obediencia, la caridad, la paciencia, la misericordia la virtud de todos los elegidos en unión de la
Sangre del Verbo…»

Viendo que su oración había sido escuchada, exclamó: «¡Oh, tanto he llamado, tanto he invocado y tanto he ofrecido, que por fin veo algún alma purificada! ¡Oh, Verbo, que poderosa es esta tu sangre! ¿Quién podría dar las debidas gracias?

Yo te ofrezco esta tu misma Sangre… Date ella por Sí las gracias, gócese y glorifíquese ella en Sí misma».

Una mañana habiendo ofrecido la Sangre de Jesús en preparación para la Comunión «vio su propia alma revestida de esta Sangre», y con la suya las «de algunas otras hermanas,
que tenían la misma devoción».

Precisamente por esto jamás se cansaba de presentarla al Padre Celestial y había hecho de esta práctica «un continuo ejercicio».

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