¿Qué es la llamada?
La llamada es una escucha, una respuesta fresca y generosa a «Alguien».
Es un instante, en el que se percibe, en lo íntimo, algo diferente en nosotros, algún insólito deseo que nos lleva a cambiar sin enterarnos, el modo de vivir, de pensar y de razonar. Entonces se hace urgente la respuesta a Él, que da sentido a nuestra vida, que da sentido a todo nuestro pensar y actuar. ¡Dios es nuestro absoluto! al que hacemos regalo de lo que somos y podemos ser.
Él es la plena realización de todos nuestros deseos. En Él se calman todas las ansiedades y las angustias del corazón. El corazón canta las misericordias del Dios: Alfa y Omega, Principio y Fin de nuestra vida.
EL CARMELO ES UNA FRATERNIDAD ORANTE
JESUCRISTO:
Queremos vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y total dedicación.
La monja carmelita, fiel a la rica tradición de la Orden, presta un servicio inestimable al pueblo de Dios, gastando su vida en la presencia de Dios, en el ardor de la oración y del celo apostólico. Se puede resumir nuestro carisma en cinco palabras:
MARIA:
El misterio de María, por su fidelidad a la divina Palabra bajo la acción del Espíritu Santo, encarna admirablemente el ideal de la Orden del Carmen.
ELIAS:
Del profeta y de los santos del Carmelo, la monja carmelita ha heredado la pasión por Dios, el deseo de acoger su palabra en el corazón y el impulso a dar testimonio de su presencia en el mundo.
ORACION:
La Eucaristía es el centro de la vida comunitaria. La liturgia y la lectura orante de la Palabra de Dios nos ayudan a caminar constantemente en su presencia.
FRATERNIDAD:
Reunidas en el nombre del Señor y animadas por el Espíritu Santo queremos vivir unidas teniendo un solo corazón y una sola alma.

El camino que sube al Monte Carmelo en Tierra Santa pasa por este arco que todavía marca la entrada a la primera fundación de carmelitas. Desde entonces, hombres y mujeres han seguido el camino del Carmelo para ofrecerselo al servicio de Jesús y de su Iglesia.
¿Qué es la llamada?
1. La llamada es una escucha,
Una respuesta fresca y generosa a «Alguien».
Es un instante, en el que se percibe, en lo íntimo, algo diferente en nosotros, algún insólito deseo que nos lleva a cambiar sin enterarnos, el modo de vivir, de pensar y de razonar. Entonces se hace urgente la respuesta a Él, que da sentido a nuestra vida, que da sentido a todo nuestro pensar y actuar. ¡Dios es nuestro absoluto! al que hacemos regalo de lo que somos y podemos ser.
Él es la plena realización de todos nuestros deseos. En Él se calman todas las ansiedades y las angustias del corazón. ¡El corazón canta las misericordias del Dios!: Alfa y Omega, Principio y Fin de nuestra vida.

2. Responder a la llamada de Dios:
No equivale a elegir un trabajo en un lugar u otro, una profesión en vez de otra, porque es una llamada al corazón, “mira que estoy a la puerta y llamo” (Ap 3, 20).
Se trata de descubrir el sentido de nuestra vida y así, hacer una opción de vida para elegirle solo a Él, para hacer su voluntad. Sólo esto nos hará plenamente felices.
La llamada de Dios también es una aventura apasionante, como decía Sta. Teresa de Lisieux, cuando desde su amor desbordado buscaba su lugar o misión dentro de la Iglesia. Ella lo descubrió en las cartas de San Pablo (1 Co 12-13): Mi vocación es el AMOR…, en el CORAZÓN de la Iglesia, mi madre, yo quiero ser el amor (Autobiografía ms B).
San Juan de la Cruz dice que un solo acto de amor vale más que mil obras.
Te invito a leer Mt 13, 44; sobre la felicidad de quien ha vendido todo para comprar un tesoro y Mt 19, 16; con la llamada al joven rico que por no venderlo encontró la tristeza.
Porque poseer egoístamente no cuesta nada, pero produce tristeza, sin embargo, venderlo TODO cuesta, pero da felicidad. Por eso muchos jóvenes hoy viven insatisfechos.
3. La Monja Carmelita, como CONTEMPLATIVA está ocupada principalmente en la oración.
Vive la dimensión profética, que es señalar ya aquí con nuestra forma de vida los bienes del Cielo o dicho de otro modo, somos como una ciudad situada en la cima de un monte:
Para indicar el lugar, la meta;
Llamar la atención hacia otra realidad: la vida eterna;
Vivimos ya aquí como se vive en el cielo:
BUSCANDO/CONTEMPLANDO EL ROSTRO DE DIOS en los Sacramentos especialmente en la Eucaristía y en su Palabra, ALABÁNDOLE: siendo VOZ de la Iglesia con el rezo de la Liturgia Y AMÁNDOLE, como un signo visible de la Iglesia-Esposa, dedicada exclusivamente a Él, estando siempre con Él.
Leer entrada ¿Cómo fue mi vocación al Carmelo?
4. Dentro de un carisma concreto: EL CARMELO.
LA REGLA CARMELITA afirma que es fundamental “vivir en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia”. Es la más breve entre las Reglas conocidas, y compuesta casi exclusivamente de preceptos bíblicos. Aun hoy es rica de inspiración para la vida.
Elementos básicos de la espiritualidad de la Orden Carmelita son la contemplación, el carácter mariano, en la familiaridad de vida con María, de la que el título de Hermanos y la primera iglesia de la Orden dedicada a Ella son signos elocuentes, y la inspiración eliana, que los carmelitas han cultivado desde el principio, al vivir en el Carmelo, lugar de las gestas del gran profeta. (Constituciones,16)
La Contemplación constituye el viaje interior de la carmelita, que proviene de la libre iniciativa de Dios que nos ha tocado y nos transforma hacia la unidad de amor con él, elevándonos a poder gozar gratuitamente de ser amadas por Dios y vivir en su presencia amorosa.
La dimensión contemplativa no es sólo uno de los elementos del carisma plasmados en oración, fraternidad y servicio, sino que es el elemento dinámico que los unifica a todos. (RVCM, 9)
MODELOS DE NUESTRO CAMINO DE CONTEMPLACIÓN
En la Virgen Santísima, Madre de Dios y de la Iglesia, por su pureza íntegra y la prontitud de ánimo con que se abrió a la fecundidad de la Palabra de Dios, el Carmelo encuentra la imagen perfecta de lo que anhela y espera ser. Por eso, María ha sido siempre considerada Patrona de la Orden, Madre y Decoro del Carmelo y fuente de inspiración en la fe, la esperanza y la caridad.
Signo de la dedicación a Ella y compendio de los beneficios de Ella recibidos es el Escapulario, que evoca muy significativamente toda la tradición mariana del Carmelo. (Constituciones, 17)
Elías es el profeta que cultiva la sed del único Dios vivo y verdadero (Cf. 1 Re 17, l) y que después de un camino largo y fatigoso, aprende a leer de nuevo los signos de la presencia de Yavé (Cf. 1 Re 19, 1-18). Es el contemplativo arrebatado de la pasión por el absoluto de Dios (Cf. 2 Re 2, 1-13), y cuya ‘palabra ardía corno una antorcha’ (Eccli 48, 1). De él ha heredado el Carmelo la pasión por el Señor y el deseo de interiorizar su Palabra en el corazón para dar testimonio de su presencia en el mundo, aceptando que El sea realmente Dios en su vida. (Constituciones, 18)
Las monjas carmelitas, con su vida de oración y trabajo en la soledad del claustro, han podido cultivar de manera más significativa el elemento contemplativo de la Orden, con sus características mariano-elianas. La misma clausura fue aceptada para poder “conocer mejor a Dios solo, servirlo y unirse a él en oración para la salvación del mundo.
La misión peculiar de la monja carmelita se puede definir así; “Vivir en la presencia de Dios, consumiendo la propia vida por su gloria a semejanza de Elías, en el ardor de la oración y del celo apostólico, y en íntima unión con la Madre Purísima, con la apertura a la Palabra de Dios y prontitud de ánimo para acogerla, interiorizarla y hacerla fecunda en su vida.” (P. Mª Casadevall i Costa, O.Carm.)
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