Sobre el misterio de la Purificación de la Santísima Virgen María por el P. Alonso de Andrade de la compañía de Jesús, que se leen en la novena de
NUESTRA SEÑORA DE LAS MARAVILLAS.
Día primero.
Punto 1.° Considera a la Santísima Virgen Haría que subiendo de Belén a Jerusalén, entró en el templo de Salomón en compañía del glorioso S. José, su dignísimo esposo, con su precioso Hijo en los brazos a ofrecerle al Eterno Padre por la redención del mundo. Contempla la modestia y compostura con que iba esta Señora, la gravedad de sus pasos, la moderación en sus acciones, la humildad que resplandecía en sus ojos, el silencio de su boca y la honestidad de su rostro, y luego entra en lo íntimo de su corazón y contempla el amor divino, que ardía en su pecho, la devoción para con Dios, y la caridad para con los hombres, por quienes ofrece aquel Cordero inmaculado, que quita los pecados del mundo, y mira también como se rasgaron los cielos, y se pararon todos los cortesanos a ver aquella purísima Señora venir al templo, con aquella joya en los brazos, que no tiene comparación en todo lo criado; mira los Ángeles que bajarían a acompañarla, la fiesta con que la recibieron en el templo, el gozo de la Santísima Virgen y del glorioso S. José, y no los dejes ir solos, acompáñalos, sírvelos, alégrate de su gozo, y pídeles que te permitan ir en su compañía, aunque no lo mereces por tus pecados.
Punto 2.° Considera como siendo la Virgen tan pura, se fue a purificar al templo, para predicar al mundo con su ejemplo la pureza de alma y cuerpo: mira el ejemplo que te da en tantas y tan heroicas virtudes, como en esta acción ejercita; y si tu predicas con el de tu vida, o escandalizas con ella, da una vista al discurso de los años pasados, y mira a cuantos has escandalizado con tu mal ejemplo, y los has hecho caer en vicios y pecados, que por ventura están hoy algunos en el infierno por ti; advierte la cuenta que Dios te ha de pedir de ellos, y ruega al Señor que te dé gracia para enmendar estos yerros en adelante, y a la beatísima Virgen que te la alcance para, edificar a todos con el ejemplo de tu vida.
Día segundo
Punto 1.º Considera la humildad de la Santísima Virgen que resplandece en el misterio de su Purificación, pues siendo la misma pureza fue al templo á purificarse, despreciando todos los pundonores humanos, y el aprecio y juicio de los hombres, para que tú sepas despreciarlos, y estimar solamente el aprecio y juicio de Dios, que es el verdadero y digna de estima; considera también su obediencia, pues estando exenta de la Ley, se sujetó voluntariamente a ella, como dice el venerable Beda, para quitar el escándalo y la murmuración de los hombres; y aprende tú á sujetarte a la divina Ley, que por tantos títulos te obliga, cumpliendo sus preceptos puntualísimamente, y escusando las murmuraciones de los hombres, cuanto en ti fuere, aunque tu conciencia no te reprenda; considera además, como quiso seguir en todo las pisadas de su Santísimo Hijo, sin admitir excepción alguna, como El no la admitió: toma esta imagen en la mano, y haz una copia en tu alma de sus virtudes; mira si tienes las referidas y las demás que te enseña, y pídele que juntamente con la enseñanza te alcance gracia para cumplirlas.
Punto 2.° Considera lo que dice S. Bernardo, que siendo la misma pureza, vino la Santísima Virgen á purificarse al templo, para enseñar a los hombres, por buenos que sean, a purificarse más y más cada día, cumpliendo lo que dice Dios por S. Juan en su Apocalipsis (cap. 22) que el justo se justifique más, y el santo se santifique más; esto es crezca y se aumente en virtud y santidad: toma estas palabras como dichas a ti mismo, y a ejemplo de la Reina de los Ángeles, pues te hallas tan manchado de pecados; hazle hoy este servicio, y toma muy a pechos la purificación de tú alma, límpiala de la escoria de los vicios, y de cualquiera cuota de imperfección, que haya en ella, y trabaja con todas tus fuerzas en adquirir las virtudes, y caminar con aliento a la perfección, subiendo de claridad en claridad al monte de la santidad; la cual conseguirás siguiendo sus pisadas, e imitando sus virtudes.
Día tercero
Punto 1.° Ya es tiempo, alma mía, que acudas al templo de Jerusalén y contemples lo que allí pasa, y el sacrificio agradabilísimo que allí se ofrece a Dios, no ya de animales sino del mismo Hijo de Dios vivo, en rescate de los pecados del mundo; entra con devoción y silencio en aquel templo y mira con los ojos del alma aquella procesión tan concertada, en que van acompañando a la purísima Virgen S. José y S. Simeón, justo y temeroso de Dios, y Ana profetisa con ellos y gran multitud de pueblo y mucho mayor de Ángeles y cortesanos del cielo, que bajaron a acompañar a esta serenísima Señora y a su benditísimo Hijo: contempla como llega y le ofrece a Dios en manos del Sacerdote, y el Hijo queda sin Madre y la Madre sin el Hijo, y ambos ofrecen la misma Hostia y sacrificio; el Hijo se ofrecería a su eterno Padre por el género humano, y la Virgen le ofrecería de la misma manera, y con tan pronta y resuelta voluntad, que si Dios gustara, allí le sacrificara con mas valor que Abraham a su hijo Isaac; levanta los ojos y mira al Eterno Padre, complaciéndose en este sacrificio más que en el de Abraham y Abel; y si puso los ojos en el de estos, y se agradó tanto, así de la ofrenda, como de los que se la ofrecieron, que los hizo innumerables mercedes por ellos; mira cuantas haría a la Santísima Virgen y a todo el mundo por esta: no pierdas tan buena ocasión, ofrécelo tú también y pide al Señor que te haga merced de admitirte en su servicio, y darte gracia para perseverar en él eternamente.
Punto 2.° Considera la caridad y amor intensísimo con que la Virgen, no solo ofreció en sacrificio a su Hijo en el templo, sino con El su corazón y su alma, pidiendo al Eterno Padre que recibiese aquel don, y la tuviese por suya: llégate con humildad, y ponle tu corazón en sus manos, pidiendo que le ofrezca a Dios con su Hijo en agradable sacrificio, ofrécele todos tus deseos, tus pensamientos tus palabras y tus obras, todos tus sentidos y las potencias del alma, tu vida, tu ser, y suplícale humildemente que haga de todo un holocausto con el de su precioso Hijo, para que su sangre, y sus méritos suplan todos tus defectos y el valor que a ti te falta, y sea tu sacrificio agradable a sus ojos, por los méritos de aquel Cordero inmaculado, que quita los pecados del mundo.
Día cuarto.
Punto 1.» Considera como ofreció la Santísima Virgen en rescate de su Hijo nuestro Señor dos tórtolas o dos palomitos como pobre, preciándose de serlo, la que tan pocos días antes había recibido tan preciosos dones de oro, incienso y mirra de los Reyes de Oriente; pero su liberal misericordia no le permitió guardarlos para sí, sino repartirlos a los pobres, y quedarse pobre por nosotros. O piadosísima Virgen, y como afrentáis nuestra vanidad, que siempre queremos parecer ricos y poderosos, y más de lo que somos, para ser estimados de los hombres; dadme una centella de vuestro espíritu, para que yo ame la pobreza, y me precie siempre de ella, y desprecie la vanidad del mundo, la estimación de los hombres, y dadme también gracia para que imite vuestra liberalidad, dando cuanto pudiere de limosna, para socorrer las necesidades de mis prójimos, hasta quedarme pobre por el amor de vuestro Santísimo Hijo.
Punto 2.° Considera como ofreció la Virgen con las aves cinco siclos, en rescate de su Hijo, el cual había de redimir al mundo con cinco llagas: contempla lo que significa esta oferta, y cómo se le representarían allí las llagas y el derramamiento de sangre, con que había de redimir su Hijo al mundo en el monte Calvario, y cuan diferente acompañamiento había de llevar entonces, y los oprobios que había dé oír, el que a la sazón era bendecido de Simeón, y de todo el pueblo, y cuan diferente estaría en los brazos de la cruz, que estaba en los suyos, y en los del Santo Simeón, y mira cómo se partiría su corazón de dolor, y caerían arroyos de lágrimas en el rostro de Jesús: contempla tú lo mismo y llega a coger aquellas perlas y a pedir a esta Señora se consuele, y no agüe su gozo con la memoria de tan amarga pasión, y no dejes de acompañarla hasta volver a su casa, y quedarte con ella en su servicio.
Día quinto.
Punto 1.º Considera como el Espíritu Santo trajo este día al Santo Simeón al Templo para cumplirle sus antiguos deseos de ver al Salvador del mundo, y el gozo tan grande que tendría el Santo anciano, viéndole en sus brazos, cumplidos sus deseos y plegarias dilatadas por tantos años, y cobra una grande confianza de ver cumplidos los tuyos; porque el mismo Señor que los da, también da su cumplimiento cuando conviene; no descaezcas en tus peticiones, sino persevera con fe y confianza en el Señor, que si dilata su cumplimiento es para probar tu constancia y alimentar tu merecimiento: clama, ora, gime, llama y di con el Santo Job, «aunque me quite la vida tengo de esperar en El,» porque es poderoso para cumplir mis pretensiones después de mi muerte.
Punto 2.° Considera lo que dice S. Lucas del Santo Simeón, que «era justo y temeroso de Dios, y que el Espíritu Santo moraba en él,» dándonos a entender que no mira sino en los que guardan justicia y tienen temor de Dios; entra la mano en tu pecho, y mira con diligencia si tienes estas virtudes, y es tu alma digna morada del Espíritu Santo, y pon todo tu estudio en alcanzarlas, para que more en ti, y te dé las riquezas de sus dones, como los dio al Santo Simeón, por cuyos méritos pide al Señor, que no se aparte de ti el Espíritu Santo, como no se apartó de él.
Día sexto
Punto 1.» Considera con S. Ambrosio que Simeón era justo y moraba el Espíritu Santo en él, porque no deseaba ni pedía tanto a Dios el Mesías por su particular interés, bien sino por de todo el pueblo: entra en lo íntimo de aquel pecho, y contempla las llamas de caridad que ardían en él, y el celo santo con que se abrasaba del bien de todo Israel: mira su corazón traspasado con cuchillo de dolor por los pecados del mundo, y por los muchos que bajaban al infierno cada día, y por ver cerradas las puertas del cielo, esperando que las abriese el Redentor, y con ansias de la salvación del mundo clamaría con lágrimas y sollozos, pidiendo a Dios que viniese ya el deseado de las gentes, y que no se tardase el Redentor del mundo, y que le viesen sus ojos, y pusiese remedio a tantos males: y el Señor le oyó y consoló por su mucha caridad, y el deseo que tenia del bien de sus prójimos. ¡O si ardiera este santo celo en tu corazón, y no estuvieras tan dominado del amor propio, mirando siempre a tus propias comodidades, sino al bien de tus hermanos, pidiendo y clamando con Simeón por su salvación, cuanto agradarías a Dios, y recibirías infinitas mercedes de su mano! Aprende de este Santo tan saludable lección; y considerando la perdición de tantos como se condenan por sus pecados, clama con él y pide a Dios que envié ministros evangélicos llenos del Espíritu Santo que conviertan el mundo, y pongan remedio a tantos males.
Punto 2.° Medita con atención el cántico que entonó el Santo Simeón teniendo a Cristo en sus brazos, su corazón bañado en un mar de gozo y alegría: Ahora, Señor, desatareis de las prisiones de esta carne a vuestro siervo en paz, porque han visto mis ojos vuestro Salvador, etc. Pondera cada palabra de por sí, que cada una es un panal de dulcísima suavidad; ahora, porque llegó la suya, cuando se vio unido con su Dios: mira como mueren los justos cantando, y bañados de gozo, los que toda la vida pasaron en penitencia, y al contrario los pecadores, que vivieron en deleites, mueren llorando y bajan al punto al infierno; dice que le desató, para declarar que estaba en el mundo preso y atado en cadenas, como en cárcel, deseando siempre salir a la libertad de los hijos de Dios: aprende a vivir, y aprenderás a morir, y mira si deseas salir del mundo, o vivir en él muchos años, para gozar sus deleites, teniendo por patria lo que verdaderamente es destierro, y duélete de tu tibieza, y sal de tu engaño; dice que sale en paz, porque da fin la guerra que trae con el mundo, y el infierno, y con su fin alcanza la paz y la corona; pero los malos entonces dan fin a la paz, que tenían en sus deleites, y empieza la guerra penosísima, que nunca se acabará en los infiernos. ¡O miserable y que desdichado el tiene aquí paz en sus deleites, que en aquel trance pasará en un momento a la guerra continua del infierno! Abre los ojos, ahora que tienes tiempo, mira por ti, y aprende de S. Simeón a vivir, y a morir a buscar a Dios; y pues ves a la Santísima Virgen tan generosa, pídela aunque no le merezcas, que te dé por un instante a su benditísimo Hijo, abrígale en tu pecho, ofrécele las telas de tu corazón, recoge en él las dulces lágrimas que corren de sus ojos, lava con ellas las manchas de tus pecados, ofrécele tus deseos, y no desees en adelante más que su gloria, y su honra, y el bien de tus prójimos, corno el Sto. Simeón.
Día séptimo.
Punto 1.º Teniendo al niño Jesús en los «brazos el santo anciano Simeón bendijo a sus padres, y hablando con Maria, su madre dijo; mira, que este niño está puesto para resurrección y ruina de muchos en Israel, y para blanco de contradicción, y tu propia alma será traspasada con cuchillo de dolor, para descubrir los pensamientos de muchos corazones.» Considera como por amor del Niño que tenia en sus brazos bendijo S. Simeón a sus padres en presencia de todo el pueblo, porque merecen la bendición de Dios los que crían santos a sus hijos, y también fue señal esta bendición de la que Dios ha de dar a todos por los méritos de su santísimo Hijo; de lo cual sacarás afectos de agradecimiento a este Señor, que te mereció con su sangre la bendición eterna de Dios, y procura cuanto fuere de tu parte cumplir con tu obligación para no perderla, a ejemplo de la beatísima Virgen, y del glorioso S. José, los cuales fueron llenos de las gracias y dones celestiales, por esta bendición que les dio Simeón.
Punto 2.° Pondera las palabras y profecías de S. Simeón, que siendo Cristo la misma salud, dijo que había de ser resurrección para unos y ruma para otros; conviene a saber cómo explicó Orígenes, resurrección y gloria eterna a los buenos, que se aprovecharen de su luz, vida, ejemplo y doctrina; y ruina eterna a los que por su malicia no se aprovecharen de ella. Entra en cuenta contigo, mira que no hay medio entre estos dos, sino que forzosamente has de ser de los unos, o de los otros, y luego considera la diferencia tan grande que hay en salvarse o condenarse para siempre, entre reinar con Cristo en el cielo, o penar con los demonios en el infierno; y vistas ambas cosas atiende al estado en que te hallas cuando meditas esto, y considera sin pasión a cual de los dos premios perteneces, y si te has aprovechado de los méritos de Cristo, o no te has aprovechado de ellos. Considera que responderás a Dios si hoy te hiciera cargo de ellos, y en que estado te hallarás, y si fueres de los buenos o los malos; y pues te da tiempo, aprovéchate de él, y de los méritos de Cristo, y pídele con lágrimas, que no seas tu de los ingratos y desconocidos a sus mercedes, sino de los muy agradecidos, y que te de su gracia para servirle como debes.
Día octavo
Punto 1.° Considera lo que S. Simeón profetizó de Cristo, conviene a saber, que había de ser blanco de contradicción para descubrir los pensamientos de muchos, ya de los que habían de confesar, ya de los que habían de perseguir, como explican S. Gregorio y Orígenes, pero lo cierto es que se cumplió la profecía en Cristo, siendo blanco de contradicción desde el primer día de su nacimiento, en que le persiguió Herodes, hasta el último día de su vida; de esta manera trató Dios a su Hijo, para que no extrañes si te enviare a ti el mismo o semejante tratamiento: antes atiende que es señal de amor, y que te envía contradicciones para refinar el que le tienes, y darte ocasión de imitarle, y de merecer la corona del cielo; prepárate para la batalla, y dile al Señor con alentada resolución; aquí me ofrezco, Señor, a todo lo que fuere vuestra voluntad; cortad, herid, humillad a vuestro siervo, vengan sobre mi las flechas de persecuciones y las guerras de enemigos que ordenareis, estad a mi lado, y pelead por mí; mi gloria será imitaros y padecer afrentas, baldones, cárceles, llagas y tormentos por vos.
Punto 2.º Considera las palabras que Simeón dijo a la Virgen, que su alma había de ser traspasada por un cuchillo de dolor, en que le profetizó la muerte tan acerba que su Hijo Santísimo había de padecer por los hombres: la cual, como la misma Virgen reveló a Sta. Brígida, tuvo desde aquel día atravesada su alma como un cuchillo de dolor: así quiere Dios que los suyos tengan en la memoria su pasión, y que se compadezcan de sus dolores, y se animen con ellos a padecer los que les enviare. Entra en lo íntimo del alma de la Santísima Virgen, y mírala atravesada toda la vida con aquella espada penetrante de dos filos de amor y compasión de su Santísimo Hijo, porque al paso que le amaba era el sentimiento de su pasión, y como el amor no tenia termino, tampoco le tenía su dolor; duélete con ella y muévete a compasión de lo mucho que padece, y no pierdas la memoria de tan grande merced, como hizo Cristo, padeciendo por ti.
Día noveno.
Punto 1.º A la misma hora que el Santo Simeón tenía en sus brazos al niño Jesús vino al templo una santa viuda, llamada Ana, que tenía espíritu de profecía, y había vivido ochenta y cuatro años en ayunos, penitencia y oración, sin apartarse del templo, y viendo a Jesús, prorrumpió en sus alabanzas, diciendo mil loores de Él, a todos los que se hallaron presentes. Considera los años que vivieron estos dos santos ancianos, pues llegaron a tan larga vejez en ayunos, vigilias y oración, porque estas virtudes no acortan sino alargan la vida, la cual da Dios a quien la gasta como ellos: anímate con su ejemplo a servirle, perdiendo el miedo que pone el demonio a los que abrazan la penitencia, de que han de perder la salud y acortar la vida: confía en la bondad de Dios, que te la dará cumplida, y también oración para que le sirvas y ganes muchos merecimientos, si te resuelves a abrazar la penitencia y hacer frente a los regalos y vicios. Considera el valor de esta santa anciana, que en medio del pueblo confesó al Señor, y predicó a todos sus alabanzas, sin acobardarla la ojeriza de Herodes y todos sus enemigos; avergüénzate en su presencia, mirando tu cobardía, y cuan leves temores te acobardan para no declararte por este Señor, y predicar al mundo sus grandezas, y darle a conocer a todos. Pídele con instancia perdón de tu cobardía, y resuélvete desde luego con valor a publicar sus excelencias y darle a conocer a todo el mundo, cuanto permitiere tu estado y profesión.
Punto 2.° Considera las virtudes con que mereció esta Santa conocer y ver a Cristo, y profetizar al mundo sus grandezas, que fueron las que refiere S. Lucas, conviene a saber, castidad, recogimiento, ayunos, oración, frecuencia del templo, devoción y perseverancia toda la vida en ellos: pondera cada una de por sí; volviendo los ojos a ti mismo a ver si tienes estas virtudes, y procura adquirirlas, y carga el peso de la consideración sobre la perseverancia, que es la que corona las obras, y pídasela muy de corazón a Dios, para que merezcas gozarle en el templo santo de su gloria. Considera el retorno de gracias v favores con que Dios pagó a esta santa anciana sus dilatados deseos, y el servicio que le hizo confesándole públicamente en el templo. Contempla el gozo que bañó su alma cuando vio al deseado del mundo y al salvador de las gentes delante de sus ojos, el alborozo de su espíritu y el aliento que cobraría para servirle eternamente, y la esperanza tan firme que tendría de gozarle en su gloria: cómo prorrumpiría en alabanzas de Dios, corriendo dulces lágrimas de sus ojos, y ni se hartaría de verle, alabarle y bendecirle, y los coloquios que tendría con la Santísima Virgen Maria, su madre. ¡Oh dichosa alma, que supiste esperar en Dios el cual colmó, tus deseos con abundantísima gracia! ¡Oh alma mía, contempla todo lo dicho, y no ceses de admirarte, gozarte y enfervorizarte en el amor y servicio de tu Dios con los ejemplos referidos de Simeón y de Ana Profetisa!

