SAN JOSE DE NTRA.SRA.DE LAS MARAVILLAS
Invocamos juntos al Espíritu Santo…
V/ Os introduje en la tierra del Carmelo
R/ Para que comieseis sus mejores frutos
V/ Estamos aquí reunidos,
R/ En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Introducción
En las reuniones que estamos manteniendo los jueves, queremos profundizar en la entrega total de nuestras personas a la Santísima Virgen María. Nos servimosde un libro que nos ayudará a ir ahondando poco a poco en ello y a finalizar, el que lo desee, en una consagración personal a nuestra Madre, se titula «33 días hacia un glorioso amanecer. Un retiro personal como preparación para la consagración a María», escrito por el Padre Michael E. Gaitley, MIC.
La Virgen María en la tradición carmelita aparece en el primer libro de los Reyes que hoy leeremos, donde veremos cómo Elías, conmovido por los sufrimientos de su pueblo, reza con insistencia y confianza para que el Señor conceda la ansiada lluvia, tras los tres años y medio de sequía que sufría la tierra. Y Dios actúa, envía un signo, una nubecilla como la palma de una mano, de la que brotó la lluvia benéfica. Elías reconoce en ese signo la respuesta a sus
oraciones. Los Padres de la Iglesia y la tradición carmelitana vieron en la nubecilla una imagen profética de la Virgen María, que por la encarnación dio la vida y fecundidad al mundo.
Miguel de San Agustín, en su Tratado sobre la vida Marieforme, capítulo 14, desarrolla y enriquece la doctrina tradicional cuando escribe: “Cuando María se digna a formar algunos hijos, les procura el espíritu de Jesús en ellos, o sea, el espíritu de Jesús opera en ellos las virtudes de Ella, su manera de obrar, sus inclinaciones… de suerte que viene a parecer que
se transforman en María y que el espíritu de María vive en ellos. O mejor, vive el espíritu de Jesús operando en ellos como en María.
1 Reyes 18, 41-46
En aquellos días, Elías dijo a Ajab: «Vete a comer y a beber, que ya oigo el ruido de una gran lluvia que viene.» Ajab fue a comer y a beber, mientras Elías subía a la cima del Carmelo; allí se encorvó hacia tierra, con el rostro en las rodillas, y ordenó a su criado: «Sube a otear el mar.» El criado subió, miró y dijo: «No se ve nada.» Elías ordenó: «Vuelve hasta siete veces.» El criado volvió siete veces, y a la séptima dijo: «Sube del mar una nubecilla como la palma de una mano.» Entonces Elías mandó: «Vete a decirle a Ajab que enganche y se vaya, no le coja la lluvia.» En un instante se oscureció el cielo con nubes empujadas por el viento, y empezó a diluviar. Ajab montó en el carro y marchó a Yezrael. Y Elías, con la fuerza del Señor, recogió las faldas de su vestido en la cintura y fue corriendo delante de Ajab, hasta que llegó a Yezrael.
Tratado sobre la vida Marieforme (Miguel de San Agustín)
… pueden servirnos las palabras del apóstol San Pablo: por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gálatas 4, 6). Entendemos que el espíritu de Jesús mora en los hijos de Dios, y en ellos obra tierno amor hacia Dios Padre, según la capacidad de cada uno. Ahora bien, así como el espíritu de Jesús, produjo en Jesús un filial amor a su Eterno Padre, así también encendió en él filiales afectos amorosos abrazos y otras demostraciones de cariño a su queridísima Madre, todo lo cual se irá produciendo en Él mismo por toda la eternidad. Qué tendría de extraño que, así como el espíritu de Jesús en los corazones de los hijos de Dios clama Abba padre, o sea, que enciende tiernos afectos de amor para con el padre de Jesús, así también clamara en los mismos corazones, Ave Madre, o sea, que promoviera en ellos filiales afectos, reverenciales y amorosas inclinaciones, alocuciones y caricias para con la Madre Amable, como le aconteció a Jesús durante su vida terrena y le acontecerá por toda la eternidad. De aquí que, a las almas que aman a María se les puede decir “porque sois hijos de María, ha enviado Dios el espíritu de su hijo a vuestros corazones, el cual clama, Ave Madre, o sea, que excita en ellos filiales afectos y amorosas inclinaciones entrañables, accesos inocentes y tiernos, abrazos y varias otras expresiones de tenérrimo (tiernísimo) amor a María, Madre amabilísima y dignísima; porque es uno y el mismo espíritu de Jesús el que obra todo en estas almas, a saber, un amor que es al mismo tiempo divino y mariano.
Directorio Carmelita de Vida Espiritual (1940), del especialista en la Reforma de Tours, fray Juan Ma. Brenninger, O. Carm. (1890-1946)
Según el Directorio, el Profeta Elías, instruido en la visión de la nubecilla, consagró la Orden a la Madre de Dios e inmediatamente después de la Asunción de la Santísima Virgen a los cielos, los eremitas del Carmelo dedicaron a la Virgen María la primera capilla. Por estos hechos y señales se pone de manifiesto que Dios eligió a los carmelitas para que se ofrecieran a sí mismos a la Madre celestial como hijos. Por consiguiente, la vida religiosa de toda la Orden y de cada religioso, por la misma naturaleza de la Orden y por la solemne profesión, se halla especialmente consagrada a la Santísima Virgen. Para que los religiosos vivan conscientes de su estado de consagración, el Directorio propone varias preces y muchas terminan con estas o semejantes palabras: “También a ti, Virgen Sacratísima, te consagro esta acción”.
El Directorio propone este acto de consagración:
“Por mi parte, desde esta hora y para todos los siglos, te recibo y elijo por mi Reina, por mi Madre y por mi todo. Quiero depender de ti hasta el último suspiro de mi vida… Me consagro a ti todos los días de mi vida, me dedico todo a tu servicio, en ti pongo mi esperanza. Desde ahora quiero honrarte en todas las cosas, y en todas mis acciones demostrar pureza, candor, modestia y todas las demás virtudes que deben acompañar a quienes disfrutan del honor de pertenecerte. No habrá tentación, ni en todo el mundo habrá ninguna acometida bastante poderosa para que logre arrancar de mi corazón el amor que Tú misma te has dignado encender en él. Recíbeme como sempiterno siervo tuyo.
Amén.”
Silencio para meditar los textos
…
Para profundizar
«El camino seguro, fácil y corto para acercarnos a Cristo y parecernos más a Él es la consagración a la Virgen» (San Luis María Grignon de Monfort).
Ya san Juan Pablo II nos enseñó a través de su lema «Totus Tuus», el significado de consagrarse a María. Una consagración que él realizó después de haber leído el libro «Tratado de la Verdadera Devoción» de San Luis María Grignon de Montfort. Consagración que él consideraba como su gran arma para el combate espiritual. Frecuentemente contaba el gran impacto que este libro tuvo en su vida. De hecho, su lema: «¡Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum Maria!» (Soy todo tuyo y todo lo mío es tuyo. Te recibo como mi todo ¡Dame tu corazón, oh, María!) pertenece a este libro. Consiste en profundizar durante 33 días en el conocimiento y amor a María y a Jesús. El libro explica con detalle y profundidad lo que significa y lo que implica consagrarse a María.
Compartimos en clima de oración
Rezamos juntos
Dios todopoderoso y eterno, que concediste a tu profeta Elías, nuestro Padre, vivir en tu presencia y arder por el celo de tu gloria, concédenos buscar siempre tu rostro y ser en el mundo testigos de tu amor, por Jesucristo nuestro Señor, amén.
Padrenuestro…
Cantamos a Nuestra Madre, FLOR DEL CARMELO
FLOR DEL CARMELO, VIÑA FLORIDA,
ESPLENDOR DEL CIELO
VIRGEN FECUNDA DE MODO SINGULAR
¡OH MADRE TIERNA! INTACTA DE HOMBRE
A LOS CARMELITAS PROTEJA TU NOMBRE
¡ESTRELLA DEL MAR!
Nota: Textos tomados del Libro “María en el Carmelo” del P.Valerio Hoppenbrauwers

