Nuestro día a día

Un día en el Monasterio

El día de la monja carmelita empieza apenas apunta el alba. A las 7, las monjas comienzan la oración de Laudes, seguido de la oración personal. A las 8,30 la Eucaristía, vínculo de unidad, de amor, de fraternidad y de comunión en Cristo. Dos horas de continua oración, serena e intensa.

La jornada se desarrolla en una alternancia entre la oración personal y coral, el trabajo silenciosoy encuentros fraternos.

A las 4 de la tarde la Comunidad se congrega para el Oficio de Lecturas y Nona, la salmodia meditativa y orante de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres. A las 18,30 horas, la comunidad se reúne para lagran oración del canto de Vísperas, que recoge en un ofrecimiento profundo y universal, las obras de todos los hombres y se hace sacrificio de acción de gracias y de perdón paratodo el mundo. Corona el acto la exposición del Santísimo y la recitación del Rosario.

El fin de la jornada es el rezo de Completas y el día se cierra en la paz profunda y serena de la noche, como un regalo de Dios, sin que se interrumpa la tensión espiritual hacia Cristo, en el cual y por el cual duermen  en vigilante espera.

ORACION

La vida de oración constituye en cada momento una nueva inmersión en el misterio de Cristo. La Sagrada Escritura es el alimento continuo para poder conseguir mediante la lectio divina el sublime conocimiento de Cristo. La Regla recomienda igualmente:  “Permanezca cada uno en su celda o junto a ella, meditando día y noche la ley del Señor y velando en oración, a no ser que deba dedicarse a otros justos quehaceres”. Y también: “La espada del Espíritu, es decir, la Palabra de Dios habite en toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones”. El conocimiento y asimilación de la Palabra exige una actitud religiosa personal de apertura basada en el silencio interior, en la meditación, en la oración, en el estudio y en la aceptación del magisterio de la Iglesia.

La monja carmelita tiene por vocación específica la contemplación a la que debe dedicarse con mayor intensidad en búsqueda del Dios escondido que mora en el centro profundo de nuestro ser. Por ello además de la conversación continua e interna con Dios a la que se consagra según la inspiración del Espíritu Santo, dedica varias horas del día a la meditación y oración personal. Para la carmelita La Liturgia de las Horas es uno de los deberes más gozosos que se extiende a todos los momentos del día, santificando el tiempo y convirtiéndolo en momentos de salvación. La liturgia en sus varias expresiones, desarrolla en el curso del año todo el misterio de Cristo, de tal manera que en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo los misterios de la Redención para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación. Por esto llamadas a ofrecer a los hombres de nuestro tiempo ayudas válidas de oración y vida espiritual, facilitan a los fieles la participación en las celebraciones litúrgicas.

TRABAJO

Con el trabajo la monja carmelita se solidariza con la condición común de los hombres. Es además una exigencia de la pobreza religiosa desarrollando así la obra del creador. En medio de una sociedad de consumo constituye un testimonio inequívoco la pobreza en que discurre su vida tratando de vivir con lo imprescindible. Para hacer frente a los gastos de manutención, conservación, reparación del edificio y asistencia sanitaria, etc, solo cuentan con los donativos que reciben. Las monjas también se dedican a otras labores y artesanías además de hacer instrumentos de penitencia.

FRATERNIDAD

Reunidas en el nombre del Señor y animadas por el Espíritu Santo, siguiendo el ejemplo de la Madre de Dios y de la primitiva Iglesia quieren vivir unidas teniendo un solo corazón y una sola alma, a fin de constituir una verdadera familia en la que todas se sientan hermanas e hijas de un mismo Padre. Esta unión de corazones que se realiza en la Comunidad, desean que trascienda los límites del monasterio y se extienda a la Orden, a la Iglesia y a toda la humanidad.

En comunidad  buscan a Dios en la oración, convencidas de la presencia del Señor Jesús en medio de ellas; escuchando y meditando la Palabra de Dios; participando en la Eucaristía, sacrificio de reconciliación, sacramento de unidad y vinculo de caridad; alabando al Señor en la oración litúrgica y en el silencio; uniéndose en el esfuerzo común del trabajo; en comunidad toman la común refección; reunidas reflexionan sobre el bien común y juntas disfrutan de la recreación.