Laicado Carmelita

Un grupo de laicos con deseo de vivir el carisma del Carmelo se reúne semanalmente los jueves de 19 a 20,30 hs. Y un viernes al mes, de 19 a 21 hs tenemos Lectio Divina acompañados de algunas hermanas de la Comunidad. 

Las reuniones tienen lugar en el locutorio del Monasterio, calle Príncipe de Vergara, 23.

Teléfono de contacto: 609 909 853.

CARMELO SEGLAR

      • ORIGEN

    La Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo surgió de un grupo de hombres que, atraídos por el reclamo evangélico de los Santos lugares, se establecieron en el Monte Carmelo, junto a la Fuente de Elías, y se consagraron a Dios por medio de una vida de penitencia y oración.

    Después de la confirmación papal fueron incluidos entre las nacientes órdenes mendicantes, invitándolos a que unieran a la vida contemplativa, la solicitud por la salvación del prójimo.

    Una vez establecidos en Europa, los frailes acogieron a seglares junto a sus conventos, los cuales fueron considerados, en cierto modo, como carmelitas. Con el tiempo, estos seglares fueron organizados en grupos homogéneos, con obligaciones semejantes a las de los frailes.

    La primera aprobación jurídica eclesiástica fue en virtud de la Bula Pontificia “Cum nulla”, dada por el papa Nicolás V el 7 de octubre de 1452. Esta bula puso las bases de la estructura actual de la Familia Carmelita.

       

        • FAMILIA CARMELITA

      La bula “Cum nulla” reconoció la existencia de distintos grupos, con votos solemnes o con votos simples. Al mismo tiempo surgieron cofradías que solicitaban poder gozar de los privilegios del Escapulario. El Prior General, Teodoro Straccio (1632-1642), distinguió entre una Tercera Orden en la cual, los hermanos y hermanas emitían los votos de obediencia y de castidad según el propio estado; mientras que los demás seglares se podían afiliar a las cofradías del Escapulario.

      Durante los siglos XIX y XX se trató de favorecer el aspecto “seglar” de los terciarios. Esta dimensión ha alcanzado su cima con la Regla aprobada después del Concilio Vaticano II.

      Forman la Familia Carmelita todas las personas y grupos que se inspiran en la Regla de San Alberto, en su tradición y en los valores expresados en la espiritualidad del Carmelo.

         

          • ¿QUIÉN ES LAICO CARMELITA?

        La búsqueda de Dios en un laico carmelita, su obediencia a la soberanía de Cristo, es una respuesta a su voz, en un amigable diálogo establecido por la Palabra hecha carne con cada uno, al cual es impulsado por el Espíritu Santo.

        Arraigados en el amor misericordioso de Dios, los laicos  carmelitas se disponen a la subida del Monte Carmelo, cuya cima es Cristo Jesús.

        La subida del Monte de un laico carmelita implica seguir a Jesucristo con todo el ser y servirlo “fielmente con corazón puro y buena conciencia”.

        Jesucristo debe convertirse, progresivamente, en la Persona más importante de su existencia. Esto comporta una relación personal, amorosa, constante con Él. Esta relación, alimentada por la Eucaristía, la vida litúrgica, el encuentro con la Palabra, la oración en sus diversas formas, empuja al laico carmelita a reconocer a Jesucristo en el prójimo y en los acontecimientos de cada día y lo lleva a testimoniar, por todo el mundo, la eficacia de su presencia.

           

            • CARMELO SEGLAR DE MARAVILLAS

          Hace cerca de 900 años un grupo de laicos se agruparon en el Monte Carmelo, junto a la fuente de Elías… De allí viene nuestra vocación a una forma concreta de entender y vivir el Evangelio: el carisma carmelita. Vivido como laicos en nuestra vida diaria.

          Hoy como ayer, la voz de Dios jamás calla. A menudo se la puede escuchar como en una brisa silenciosa. Hemos sido llamados por nuestro nombre a vivir este carisma del Carmelo…

          Queremos ser un espacio de oración y encuentro, teniendo la confianza de María; que humilde como era, sabía compartir, no ya lo superfluo, sino lo necesario.

          Queremos convertirnos en un espacio de acogida, de oración, de fidelidad y de compasión para todos aquellos que están a nuestro alrededor.

          Queremos empezar primero una peregrinación interior, para con los demás miembros de la fraternidad compartir la oración y proyectarnos en un apostolado concreto en nuestra vida diaria; teniendo una especial dedicación a la vida litúrgica de la comunidad y la oración, comprometiéndonos a que la  celebración se prolongue en nuestra vida.

           ¿Ser felices juntos? Sí, desde luego, pero  abiertos a toda la familia humana.

          Queremos llegar a ser una fraternidad viva buscando como acercarse a la santidad de Cristo, junto con María, en el Carmelo.

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