Historia de la comunidad carmelita
La grandeza de la vida de clausura solamente puede comprenderse y, sólo se puede valorar, desde la fe. El seguimiento radical de Jesús de Nazaret representa la utopía divina de vivir pendientes de la eternidad. La fecundidad eclesial de esta aventura Dios la conoce. Las monjas de clausura sienten también intensamente los problemas del mundo; oran y se sacrifican por la humanidad sufriente.
En los claustros carmelitanos se santificaron grandes santas y doctoras de la Iglesia , cuyos nombres son conocidos sobradamente. Continúan santificándose almas anónimas en el yunque sordo y monótono del día a día, y en la tranquilidad serena y alegre de vivir en obsequio de Jesucristo. Al superar con gallardía humana y sobrenatural las noches oscuras de la fe, ofrecen testimonio elocuente de perseverancia en el camino de la perfección cristiana.
(estracto de la obra)
INTRODUCCIÓN
Las páginas siguientes son una síntesis histórica de la vida de la Comunidad, en el IV Centenario de la fundación de la misma. El motivo principal es dar gracias a Dios por las maravillas que ha obrado en la Comunidad a lo largo de los cuatrocientos años de existencia. También como testimonio de gratitud para con nuestras antecesoras, especialmente recordando a aquellas seis sencillas jóvenes madrileñas que iniciaron la vida comunitaria carmelita en una humilde casa de la calle de Fuencarral.
Esta pequeña Comunidad, con su perseverancia en la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la comunión fraterna, cimentaron este nuevo Carmelo en la primigenia tradición carmelitana.
Su constante fidelidad a Jesucristo, a pesar de las dificultades y persecuciones que tuvieron que sufrir, son un estímulo para todos y un testimonio de fe en la Providencia de Dios y de confianza en la protección maternal de la Virgen María.
En el año 2013, proclamado por el Santo Padre Benedicto XVI año de la Fe coincidiendo con nuestro centenario, se nos invita a demostrar la belleza del amor y la fe en Cristo desde el silencio de la vida contemplativa. Es un año para revitalizar la fe y testimoniar en este tiempo de la historia actual, nuestro compromiso de ser signo de la presencia de Dios en el mundo.
Monasterio Carmelita Maravillas
Nuestros origenes

A comienzos del siglo XIII, nació la Orden de Carmen en Palestina en el bíblico Monte Carmelo, como una fraternidad de emitas contemplativos. Sus modelos fueron y siguen siendo la Virgen Maria y el Profeta Elías, En María los Carmelitas han descubierto la actitud de constante referencia a Dios en la contemplación de sus misterios. En el Profeta Elías, vieron la inspiración de su norma de vida y como modelo y testimonio de la presencia de Dios en el mundo.
San Alberto Patriarca de Jerusalén les dio una fórmula de vida convertida en Regla de la Orden. Unas décadas más tarde los frailes carmelitas obligados por las circunstancias socio-políticas emigraron a occidente, se extendieron pronto por Europa y fueron asociados a las corrientes de vida mendicante, conservando como parte esencial de su carisma el ideal eremítico contemplativo.
EL CARMELO FEMENINO
Las monjas aparecieron más tarde en Europa en el s. XIV. La Bula «Cum nulla» del Papa Nicolás V del 7 de octubre de 1452 y dirigida al Prior General Beato Juan Soreth, es considerada como la carta fundacional canónica, aunque siglo y medio antes ya existían fraternidades de mujeres que vivían el carisma del Carmelo.
Una de las primeras mujeres colaboradoras del citado Bto. Juan Soreth, fue la duquesa de Bretaña Beata Francisca de Amboise (1427-1485).
Las primeras comunidades de Monjas Carmelitas en España surgieron por los años 1460 por iniciativa de los Padres Carmelitas y sin influencia de los conventos femeninos de otros países. Estas primeras comunidades se establecieron con normativa o carácter autónomo, y debido a esca independencia, poseían Constituciones particulares y especiales normas de clausura. El Concilio de Trento 1553 estableció la disciplina monacal de la Vida Religiosa y la obligatoriedad de la clausura, regulada posteriormente por el Concilio Vaticano II.
Cómo surgió nuestra comunidad
El Señor se sirvió de Dña. Juana de Barahona, esta señora que vivía en la ciudad de Cuenca impulsada por un vivo deseo partió a Roma y obtuvo del Papa Pablo V autorización para fundar «Un convento (Colegio) de doncellas pobres y bien nacidas que pudiesen vivir con recogimiento, oír misa y recibir los Santos Sacramentos«. En 1613 llegó a la Corte Dña. Juana y expuso su deseo y propósito al Padre Antonio Pérez, provincial de los Carmelitas de Castilla, quien le aconsejó comprara una casa en la calle de Fuencarral, como así lo hizo. Se acomodó para la vida de comunidad en forma de clausura. Fue el mismo Padre Antonio Pérez el que llevó las seis primeras vocaciones, seleccionadas entre las numerosas almas que acudían a su confesionario.
Primeramente les dio el hábito de «beatas» o consagradas de Ntra. Sra. del Carmen con la debida autoridad y ceremonias establecidas en la Orden y poniéndoles los nombres de Magdalena de San José, Ana de las Llagas, Isabel de la Trinidad, Ana del Stmo. Sacramento, María de San José y Teresa de San José. Con mucho celo y cuidado asistía el Padre Provincial a las hermanas con frecuentes pláticas y administración de los Sacramentos de Confesión y Comunión a fin de que se conservasen con toda regularidad y observancia. El Padre Antonio Pérez debido a las múltiples ocupaciones de su cargo encomendó esta incipiente comunidad al Padre Juan Comba, ejemplar religioso que tomó a su cargo con cariño y entusiasmo la dirección de la misma.
Creció rápidamente la fama de observancia que reinaba en la Comunidad que trascendía al exterior y muy pronto solicitaron seis jóvenes su ingreso, con lo que se duplicó el número. Pero también quiso el Señor probarlas con toda clase de contradicciones, pues todas las obras de Dios están marcadas con el sacrificio y sufrimiento. Quiso El asociarlas a los padecimientos de su Cruz.
Estas dificultades fueron primero de tipo económico lo que les movió a tomar una decisión que no fue la mejor. Dña. Juana aconsejó que admitieran a dos señoras pudientes divorciadas, para que con sus bienes pudieran hacer frente a sus necesidades. El resultado fue que se creó un ambiente mundano y las frecuentes visitas que personas seglares les hacían, perturbaban el ambiente de recogimiento de la Comunidad.
Con muy buen criterio, las hermanas ante las dificultades para vivir su vida de oración y recogimiento suplicaron al Padre Comba trasladara la comunidad a otro sitio, sin duda para prescindir de aquellas señoras.
A instancias de la Comunidad, los Padres Carmelitas comenzaron a hacer las gestiones necesarias para su traslado. «En menos de veinticuatro horas compraron estos Padres una casa… la cual pago el P. Sacristán mayor de los Padres Carmelitas de la Antigua Observancia» del convento del Carmen de Madrid.

La nueva casa estaba situada en la calle de los Estanques, ahora de La Palma. Lindaba dicha casa, con la Ermita de San Antonio Abad, que dejó Juan de Aguilar en testamento a la Cofradía Sacramental de San Martín. Tras las gestiones de los PP. Provincial y confesor, pasó la Ermita a pertenecer a la Comunidad. Dispuesto todo lo necesario, el Padre Comba trasladó la Comunidad de la calle de Fuencarral a la de los Estanques en 1617, traslado que les causó algunos disgustos.
Se acomodaron en la nueva casa con la ayuda del Padre Comba, en forma de regular observancia, aunque con estrechez y pobreza. Rezaban el Oficio Divino conforme al Rito Jerosolimitano. Todos los días dicho Padre, acudía a decirles la santa Misa y las defendía este buen Padre con mucho celo y diligencia en los pleitos que se originaban no sin sufrir también persecuciones, hasta que la obediencia le ordenó ausentarse de Madrid, que fue en el año 1623 sucediéndole otros padres nombrados por el P. Provincial.
Trasladada la Comunidad a esta nueva casa, poco a poco fue adquiriendo casas y solares circundantes.
Tiempos difíciles
No llevaban dos años en la nueva casa cuando «se desencadenó una grave persecución por parte de la vecina parroquia, proveniente de religiosos y clérigos que querían impedir siguiese adelante la fundación». El año 1619 mandó el Sr. Dr. Villegas como Vicario de Madrid, se quitase todo lo hecho y no siguiese la fundación, recurrieron al Sr. Nuncio que les apoyó para seguir adelante. No obstante, continuaron los contratiempos, pero las hermanas firmes en su vocación y fiel confianza en la protección de la Stma. Virgen nuestra Madre, permanecieron constantes en sus propósitos. Consecuencia de todo ello fue la visita del Sr. Villegas; habló con cada una de las religiosas en particular, quien, al comprobar su buen espíritu, manifestó que las apoyaba; no se libraron de una inspección por parte del Rey y del Sr. Patriarca. (Era éste el proceder de aquella época). En esta prueba fue decisiva la intervención de una buena amiga, Dña. María Gasca, esposa de D. Francisco Contreras, que era presidente del Consejo de Castilla, quienes les favorecieron mucho.

En este tiempo se dio un hecho gozoso y profético y muy consolador para la Comunidad. La célebre Beata Sor María Ana de Jesús, tan conocida y venerada en Madrid por su ejemplar vida y virtudes; la fue a visitar una amiga suya muy cercana a la Comunidad carmelita por tener una hija en dicha Comunidad. Llamábase esta Sra. Dña. Casandra de Alba, comunicó a la Beata los trabajos y persecuciones que padecían, y después de una grande suspensión, vuelta a Dña. Casandra tomándole las manos y llena de gozo y júbilo le dijo estas palabras: «Dilas que tengan mucha fe y confianza en la Divina Piedad que son hijas de la Madre de Dios mi Señora y que por ningún acontecimiento salgan, sino que esperen y tengan paciencia, que esa casa ha de ser gran cosa, puesto que es causa de Dios».
Pronto empezaron a cumplirse las profecías de la Bta. María Ana: el hallazgo del prodigioso Niño, la llegada de la Imagen de la Virgen María desde tierras salmantinas y la profesión solemne de las hermanas.
Imagen el Niño Jesús de las Maravillas

Cuenta la tradición que un día del año 1620 estando algunas monjas paseando por la huerta del convento (hoy plaza del Dos de Mayo), repararon con sorpresa que una pequeña y linda imagen del Niño Jesús, se hallaba recostada sobre una mata de flores de «maravillas». Lo cogieron y lo llevaron al coro donde improvisaron un altar, y comenzaron a llamarlo «Niño de las Maravillas». Años más tarde colocaron el diminuto Niño en las manos de la Virgen y fieles a esta tradición ahí sigue él sobre un ramo de flores sostenido por la Stma. Virgen.
El beaterio convertido en convento carmelita
Hasta el año 1627, permanecieron bajo la obediencia de los Padres Carmelitas, Pero en sus deseos de querer ser reconocidas como verdaderas religiosas vieron que para esto era preciso ponerse bajo la autoridad y la licencia del Arzobispo de Toledo, a quien pertenece por derecho estas Instituciones. Decididas pues a dar este paso dirigieron su petición al Sr. Arzobispo para que las admitiera a la obediencia y les diera el velo negro y la Profesión Solemne La petición fue remitida al Cardenal Zapata Gobernador del Obispado, quien a su vez comisionó a Juan Medina Vicario de Madrid, para que en un principio se limitase a recibirlas en su obediencia, hasta que tuvieran las suficientes rentas y Constituciones.
El 15 de agosto de 1627 quedaron bajo la obediencia del Ordinario. Formaban la Comunidad 12 hermanas, al frente de las cuales estaba, como Priora, Sor Isabel de la Stma. Trinidad. Pero no pretendían exclusivamente esto; todo su afán era hacerse verdaderas religiosas, de ahí que «no sosegaban las hermanas faltándoles el principal cumplimiento de sus deseos, que era el de profesar solemnemente, bajo la Orden de María Stma. del Carmen«. Insistieron sobre ello al Cardenal Infante en 1629 quien de nuevo remitió la petición al Cardenal Zapata; éste pidió las Constituciones observadas hasta entonces, que resultaron ser las impresas en Sevilla en 1603 para las Carmelitas de la Antigua Observancia. Vistas y aprobadas, así como hechas las informaciones de los bienes temporales, el Cardenal Zapata delegó en el Visitador Xedels, para que las admitiera a la profesión de religiosas y el día 10 de Enero de 1630 exploró a la Comunidad el Licenciado Juan Velasco, Vicario General de Madrid. Hicieron la Profesión en manos del Dr. Xedels, la Priora Sor Isabel de La Stma. Trinidad y la Subpriora Sor Isabel de San Antonio, según la primitiva Regla de San Alberto, Patriarca de Jerusalén con la mitigación de Eugenio IV según las Constituciones mencionadas. El día 14 del mismo mes y año profesaron las siete restantes en manos de la M. Priora y en presencia del Sr. Visitador. De las doce que componían la Comunidad al pasar a la obediencia del Ordinario, habían fallecido tres hermanas. Quedaron sin profesar cuatro novicias hasta que cumplieran el tiempo requerido por el Concilio de Trento. Al siguiente año murió la Priora Sor Isabel de la Stma. Trinidad sucediéndola Sor Isabel de la Concepción por nombramiento del Cardenal Zapata.
Legislación
En los inicios cuando las Hermanas se reunieron en Comunidad empezaron a observar las Constituciones ya mencionadas, impresas en 1603, pero una vez erigido el Convento y establecida la Comunidad, elaboraron unas Constituciones propias que se imprimieron en 1630 y después en 1757 y en 1866.
Dichas Constituciones están elaboradas con muy buen criterio para el estilo de vida carmelita, de oración y penitencia. Por ser estas Constituciones las primeras propias de este convento y por haberlas observado durante más de dos siglos, son de un gran valor histórico y sentimental para la Comunidad, las cuales se guardan como un tesoro.
Un acontecimiento importante
A instancias de la Comunidad, «ordenó el Sr. Vicario que vinieran tres monjas carmelitas del convento de la Purísima Concepción de Alcalá de Henares, llamado de La Imagen, para que las instruyesen en el modo y forma de vivir una vida de estricta observancia«. De hecho vivieron tres años en este convento Carmelita de Maravillas, la Madre Justa de la Asunción como priora, Ana de San Francisco subpriora, María Bárbara de la Concepción, maestra de novicias. La estancia de las Carmelitas de Alcalá no cambió en nada la vida de comunidad, pero sí que fue positiva por el mutuo enriquecimiento, que fortaleció la vida de observancia.
La Imagen de la Virgen de Maravillas llega al convento
La historia de la comunidad está íntimamente unida a la devoción de la Imagen de las Maravillas. Precisamente el actual edificio es una más de las bendiciones que la Virgen ha hecho a favor de sus hijas y continúa siendo un canto incesante de amor y gratitud a la celestial Patrona.
Según consta, a finales del s. XVI había una Imagen de la Virgen María en el pueblo salmantino de Rodas Viejas. Se hallaba en tan deplorable estado de conservación (decían que era del s. XIII) que en 1585 fue mandada retirar del culto por el Obispo de Salamanca. Algunos feligreses se disgustaron por esta determinación y uno de ellos, Juan González, junto con su esposa, determinaron pedir la Imagen para conservarla en su casa, lo que consiguieron tras veintiséis años de insistentes súplicas. A la muerte de estos esposos, heredó la santa Imagen su hijo del mismo nombre y apellido que el padre casado con María de Salamanca, quienes pasaron a vivir a Madrid, trayendo con ellos la Imagen de forma poco reverente, como contrapeso a la carga de una caballería.
No pudiendo pagar los impuestos del mobiliario, el matrimonio empeñó la Imagen a Juan Fernández, caballero de la Villa, quien a su vez terminó vendiéndola a Ana del Carpio, esposa del escultor Francisco de Albornoz, que la restauró con notable acierto.
Durante tres años permaneció la Imagen en casa de Ana del Carpio, en el barrio de Atocha, a la que acudían muchos vecinos a venerarla, ya que se hablaba de que concedía muchos favores a sus devotos. Ante los prodigios que obraba, el Vicario General del Obispado ordenó a Ana del Carpio que depositara la Imagen en una iglesia. Ella lo consultó con los Padres Carmelitas con los que se dirigía espiritualmente. Su primera intención fue dejarla en la iglesia del Carmen de Madrid, pero dado que en la misma había ya diversas imágenes de María, los frailes la aconsejaron que la llevara a la Ermita de San Antón, de las Monjas Carmelitas. Ana del Carpio quiso dejarlo en manos de la Providencia y decidió sortearla entre los cuatro conventos carmelitas madrileños existentes, dos de frailes y dos de monjas.
La suerte recayó en nuestro convento de San Antón, y así el día 17 de Enero de 1627 el matrimonio hacía la donación ante notario y testigos de la santa Imagen que se llamaba de las Maravillas, por tener en las manos el ramo de estas flores que los fieles colocaban en las manos de la Imagen y sobre las que posaba la Imagen del Niño Jesús.

El día 1 de febrero del mismo año, la Imagen era trasladada procesionalmente desde el barrio de Atocha hasta la Ermita de San Antón, en la calle de la Palma. Durante todo el trayecto, y según una leyenda poética, llamó la atención una blanca paloma que acompañó a la Virgen hasta el interior de la Ermita donde se dejó coger. Provenía de un corralón que las monjas de San Juan de la Penitencia tenían en un lugar que, desde entonces comenzó a llamarse calle de la Paloma. Las religiosas ofrecieron la paloma a la Virgen como era costumbre el 2 de febrero, Purificación de María y Presentación del Niño Jesús en el templo.
Desde entonces la Virgen de Maravillas será la compañera inseparable de la Comunidad en su accidentada trayectoria.
Templo y convento en honor a la Virgen de las Maravillas
Grato e imborrable es el recuerdo que se conserva en la Comunidad del Rey Felipe IV por los favores dispensados a le misma. Por su temperamento, el monarca tenía predisposición para favorecer las obras piadosas, sin duda teniendo presente el milagro que la Virgen de Maravillas obró con él, según consta en la historia manuscrita del archivo conventual.
Es sabido que el Rey Felipe IV cayó gravemente enfermo y encomendándose a la Virgen de Maravillas la reina Dña. Mariana de Austria, pidió a las monjas un manto de la Stma. Virgen el cual enviaron inmediatamente y lo colocó en el lecho real; el que parecía yerto cadáver, vuelve la vista a la reina y le dice: ¿qué me has puesto que me encuentro bien? Ante este prodigio quedó tan agradecido que no es fácil explicar su deseo de correspondencia manifestada en grandes favores a la comunidad.
En agradecimiento a la Virgen de las Maravillas ofreció fabricar una iglesia a sus expensas lo que realizó efectivamente. La iglesia quedó inaugurada el 2 de febrero del año 1646. Fue obra del arquitecto Gómez de Mora. Ahora es la parroquia de los Santos Justo y Pastor, en la Plaza del 2 de Mayo.

PATRONATO REAL
El convento pasó a tomar parte del Patronato Real, solicitado por el propio Monarca, firmando los acuerdos en 1649, con lo que se comprometía la Comunidad a las correspondientes obligaciones. Las escrituras originales del Patronato, se encuentran en el archivo del Palacio Real de Madrid.
CULTO A LA VIRGEN DE MARAVILLAS
La devoción a la Virgen bajo este título se propagó ampliamente por la Villa y Corte. El día 20 de septiembre de 1651 se fundó la Cofradía de Ntra. Sra. de las Maravillas. Ya desde su fundación fueron sus principales congregantes «D. Felipe IV, Dña. Mariana de Austria, La Infanta Dña. Ma Teresa, y D. Antonio Contreras, Caballero de Santiago y del Consejo real de Castilla que en nombre de las personas reales era protector y presidente de dicha Congregación'». En ella se inscribieron grandes de España, además de numerosas personas de todas las clases sociales.
La Cofradía se ha distinguido siempre por el empeño en celebrar del modo más solemne los cultos en honor de Ntra. Sra. de las Maravillas. El 10 de agosto de 1727 aniversario de la colocación de la Virgen en la Ermita de San Antón se celebró una procesión solemnísima descrita en un manuscrito del archivo del convento.
La Virgen no cesó de hacer favores y prodigios a favor de sus cofrades y de todo el pueblo. Como ejemplo entre otros muchos ponemos los siguientes casos: En 1689 cuando se hallaba pintando en la bóveda de la iglesia de la Virgen un artista, cayó sobre las losas del presbiterio y quedó como muerto. Ante la invocación a la Virgen y la aplicación de una estampa, volvió en sí y regresó por su pie a casa. En otra ocasión, las sacristanas del convento encontraron a la Imagen con el vestido lleno de arena mojada. Pasados unos meses, llegó un hombre contando que cuando se hallaba navegando hacia América su barco comenzó a hundirse debido a una gran tormenta. Invocó a la Virgen de las Maravillas y cesó el peligro.

El 2 de Mayo de 1808
La historia del convento de Maravillas está ligada a la sublevación del 2 de Mayo de 1808. Precisamente junto a los muros de dicho convento comenzó el glorioso levantamiento, en el lugar hoy conocido con el nombre de la Plaza del 2 de Mayo. La escena del alzamiento está tomada del manuscrito de la relación hecha por Sor Elisa de Sta. Mª Magdalena de Pazzi, carmelita de esta Comunidad quien fue testigo de los acontecimientos. Tienen el valor de que, quien narra los vio directamente: «El año 1808 dice, se vieron amenazadas a ser víctimas del fuego, con motivo de los cañonazos que tiraron en el Parque viejo de Artillería en el sitio de Monte León, los dos valientes oficiales Daoiz y Velarde por defender la Patria, y la religión de su Rey. Y como estaba el convento tan inmediato eran tantas las balas que caían dentro, que por momentos esperaban fenecer, siendo un prodigio ver caer balas del tamaño de una sandía, y que cayendo en unos rollos de estera se apagaban como si fueran en arena, y lo mismo sucedió con otras que cayeron en unos vasos de cristal que estaban en la taza de la fuente del patio por haberlos sacado para fregar la alacena donde estaban guardados sin romper ninguno. Y admiradas daban gloria a Dios por ver cómo las defendía de tantos peligros. A todo esto, se asomó la M. Priora a ver lo que pasaba, y se encontró que venían por la Calle Ancha una columna de franceses, y que dos valientes oficiales decían: «Traición tenemos, vamos a morir por el honor de nuestra Patria«, y dándose un abrazo dijeron, «Virgen de las Maravillas sálvanos«, y llenos de confianza prendieron mecha al cañón. La M. Priora Sor Teresa de Jesús, viendo el peligro empezó a aclamar a la Stma. Virgen y puso una súplica a modo de solicitud en las manos de la Virgen esperando de su misericordia que atendiera a sus ruegos. Tan fervorosa estaba la referida Madre, que, a pesar de caer todo el noviciado y los cristales del convento al estruendo de los cañones, ella animaba a sus hijas. Una hermana de velo blanco que se llamaba Eduarda de San Buenaventura, salió por la ventana con un Santísimo Cristo y animaba a los soldados; y pasándose el día llenas de aflicción; pues la iglesia la habían hecho hospital de sangre, y eran tantos los lamentos de los heridos; pues al estruendo cayó la columna de franceses. Una hermana llamada Sor Pelagia Revult, que había venido de Francia y que había ingresado en el convento en 1794, atendió a un joven soldado francés.

Este, al oír la voz amiga que le hablaba en su lengua, cogió las manos de la religiosa y se las besaba repitiendo: «Ma mere, ma mere«, muriendo en sus brazos. Se encontraron a última hora del día sin haber comido ni ganas para ello, y dándoles mucha lástima de los pobres soldados dispusieron mandarles la olla de comida y lo agradecieron mucho, pero no fue sólo la olla lo que les dieron, sino que como la iglesia era hospital de sangre, los socorrieron con trapos, hilas, vendas y todo lo que podían en semejante aflicción, teniendo los corazones oprimidos de sentimiento, que las que lo han conocido dicen que no lo pueden explicar; y por eso la M. Priora, dispuso que desde aquel año quedase la devoción de rezar una vigilia, rosario y la letanía cantada a la misma hora que murieron los dos valientes héroes pero que fuera aplicada por todas las víctimas del 2 de Mayo. La súplica que puso a la Stma. Virgen de su puño y letra, no la traslado aquí por ser algo dilatada, pero es digna de que se conserve por estar puesta en términos muy fervorosos y llena de confianza sublime. Las balas del tamaño de una sandía las sacaron a la procesión de la Virgen, llevándolas en una bandeja y se han conservado hasta el año 1859, que sin saber cómo, desaparecieron de la noria que era donde estaban guardadas, y yo fui testigo de haberlas visto, que si entonces hubiera llevado más años en religión las hubiera puesto en sitio más resguardado». El recuerdo de las víctimas del 2 de Mayo permanece vivo en nuestra comunidad. Todos los años cuando llega esta fecha se reza por todas las víctimas de ese día.

Como consecuencia de los tiroteos del 2 de Mayo, quedó el convento en estado ruinoso. Por este motivo les aconsejaron abandonarlo, pero ellas se opusieron firmemente. Sólo cuando Fernando VII mandó reconstruirlo, durante tres años que duró la reconstrucción, pasaron a vivir a la casa de los capellanes.
Reconstruido el convento pasaron a habitarlo, pero el mayordomo que se encargó de las obras llevaba también la administración de los bienes de la comunidad y falsificando firmas de las religiosas embrolló las cosas de tal suerte que se apoderó de todo el dinero. Las hermanas quedaron al amparo de la Providencia. «Días hubo que no teniendo aún lo más preciso, eran socorridas sin saber cómo y faltando el dinero para comprar sal para unas patatas que les habían dado de limosna, vino al torno una pobre mujer del barrio y dejó seis cuartos, porque decía, que sin saber por qué, le daban impulsos de traerlo al convento».
LAS CARMELITAS DE LA BARONESA EN MARAVILLAS
En el año 1649 la Sra. Baronesa, Beatriz de Silveira, con la aprobación del Sr. Cardenal de Toledo, Moscoso Sandoval, fundó un convento de carmelitas recoletas de Ntra. Sra. del Carmen. Se realizó la fundación en la calle de Alcalá frente a la iglesia de San José. Al suprimirse las Órdenes religiosas en 1835 fue enajenado el convento teniendo que salir las religiosas. Más tarde dicho convento fue derribado y en su lugar se construyó el palacio de Casa Ribera.
En el mismo año 1835 las religiosas del convento de la Natividad y San José (que éste era el título del convento) se fusionaron con nuestra comunidad de carmelitas de Maravillas, llevándose el patrimonio que pudieron salvar, como un fragmento de una carta de Santa Teresa -conocido y publicado-, los bustos de el Ecce Homo y la Dolorosa de Mena y de Mora. Algunos vasos sagrados depositados en el Banco de España, fueron llevados a Rusia en la guerra civil de España de 1936, según relato de las hermanas que trataron de recuperar los bienes perdidos.
Incautación del edificio conventual.
Expulsión de la comunidad.
Odisea posterior
En el año 1868, recibieron una orden fulminante del Gobierno, señalando el plazo de tres días, para abandonar el convento y se trasladaran a las Mercedarias de Don Juan de Alarcón de la calle Valverde.
Como el plazo que les dieron para trasladarse era corto, se dispusieron a desalojar el convento con rapidez. Una de las principales preocupaciones fue llevarse la Imagen de la Virgen de Maravillas, como efectivamente lo hicieron.
El convento, aún antes de salir las religiosas, fue asaltado por el populacho y fue preciso que una noche vigilaran las familias de algunas religiosas para tranquilidad de las mismas.

El 17 de marzo de 1869 con llanto en los ojos abandonaron su santa mansión y no sin antes protestar enérgicamente ante el pueblo la priora Sor Carmen del Corazón de Jesús, por aquel atropello cometido por el gobierno.
Protesta ciertamente inútil, pero que demuestra la entereza de ánimo de aquella sencilla monja, en contra de un gobierno que no respetó las más elementales leyes de la propiedad.
Al trasladarse al convento de las Mercedarias, componían la comunidad 14 monjas, entre ellas Sor Elisa de Sta. Ma Magdalena de Pazzis, autora del manuscrito al que venimos refiriéndonos. Con ellas iban también las cuatro hermanas de la Comunidad de Baronesas.
Las Mercedarias recibieron a las atribuladas carmelitas, despojadas de todo y de su casa, con gesto caritativo alentándolas a soportar pacientemente la adversidad y enjugándoles las lágrimas de aquellos días de dolor. Permanecieron en las Mercedarias de D. Juan de Alarcón hasta 1891 y entraron durante estos tres años a formar parte de la comunidad hasta doce nuevas religiosas.
Naturalmente el vivir dos comunidades de distinta Regla comportaba «molestias por la estrechez del local».
Aunque en septiembre de 1871 el edificio conventual de las carmelitas había sido derribado, las monjas solicitaron al Ayuntamiento el 31 de octubre de 1877 permiso para volver a su antigua iglesia y para construir, en parte del solar que en el pasado habían ocupado un pequeño convento con el fin de encargarse del culto de la iglesia de las Maravillas, que continuaba disfrutando del fervor popular.
La petición fue rechazada el 5 de enero de 1878, ya que el Ayuntamiento tenía todo un plan urbanístico y de transformación del área.
En el año 1886, siendo priora Sor Faustina del Sgdo. Corazón de Jesús, nombró apoderado a D. Francisco Carrasco, que engañó lamentablemente a la comunidad. Hizo que la Priora le entregara el dinero que tenía en papel del Estado (unas 100.000 Ptas.), con cuya cantidad compró un hotel en el paseo del Obelisco sobre el que pesaba una hipoteca de 300.000 Ptas. El contrato se firmó el 24 de septiembre de 1890 y comenzaron las obras de adaptación inmediatamente.
En abril de 1891, o sea, el año siguiente de firmado el contrato salió de las Mercedarias la M. Priora con otras tres religiosas, entre las que se encontraba Sor Elisa, como clavaria, con el fin de ver las obras de adaptación. Dice literalmente que al verlo «se les cayó el alma a los pies«. Habían sido víctimas de otro engaño por parte del administrador. No Obstante, en noviembre del mismo año 1891, se trasladaron al Obelisco. «Las Mercedarias, hace notar la cronista, se portaron muy bien con nosotras… despidiéndonos con la misma caridad que nos recibieron».
Pocos años permanecieron en el Obelisco, el embrollo económico preparado por el S. Carrasco fue tan grande, que la Priora se vio obligada a manifestar la situación de la comunidad al Sr. Obispo, D. José Cos, quien ordenó que se trasladaran al convento de las Comendadoras de Santiago, en la Plaza de su nombre, lo que hicieron el 23 de junio de 1894, llevándose consigo, como lo habían hecho anteriormente, la Imagen de Ntra. Sra. de Maravillas.
Duros y difíciles fueron los primeros años que permanecieron en las Comendadoras de Santiago. Un pleito movido por el dueño del Obelisco las tuvo inquietas desde 1895 hasta 1897 en que el supremo falló a favor de la comunidad. Pero estas dificultades quedaron sobradamente compensadas con el hecho transcendental que había de formar época en su azarosa historia.
En esta odisea, la comunidad se mantenía floreciente. la Cofradía de las Maravillas tuvo las mismas vicisitudes que la Imagen, y por consiguiente que la comunidad. Al año siguiente del traslado de las religiosas al convento de D. Juan de Alarcón (1870) se suscitó una controversia acerca del lugar donde debía celebrarse la novena. Opinaban unos que, en el primitivo templo de las monjas, mientras otros sostenían que debía celebrarse donde actualmente se hallaba la Imagen. Sometido el asunto a votación, prevaleció la segunda opinión. A pesar de la votación, veintidós congregantes provocaron una especie de cisma e intentaron llevarse la Imagen a la antigua iglesia, pero las monjas ostentaron la escritura de propiedad de dicha Sgda. Imagen y la autoridad eclesiástica no lo permitió. Por consiguiente, la verdadera cofradía siguió junto a la Imagen.
En este pleito tomó parte activa el presidente de dicha cofradía, D. Juan Pérez Rico, quien se puso incondicionalmente al lado de la comunidad.
Al trasladarse la comunidad al Obelisco en 1891 siguieron allí celebrándose las fiestas en honor de la Virgen, a cuyo esplendor contribuían igualmente la comunidad y la archicofradía.
En el nuevo traslado de la comunidad a las Comendadoras de Santiago, allí continuaron celebrándose los cultos.
La archicofradía que siguió al lado de la Imagen es por tanto la primitiva y auténtica; la erigida en la que hoy es parroquia de San Justo y Pastor, se desmembró de la primitiva en 1890.
Nueva Iglesia y convento en honor de Ntra. Sra. De las Maravillas.
El último día de la novena solemne de Ntra. Sra. de las Maravillas del año 1902, que se celebraba en el convento de las Comendadoras decía el predicador, D. Francisco Díaz de Rivera: «¿es posible que en una archicofradía (aludía a la de las Maravillas) tan numerosa, y en la que hay personas tan pudientes no hagan iglesia y convento a las Carmelitas?«. Estas palabras dejaron profunda huella en el alma de la piadosa Dña. Mª Milagros Gosálvez, quien decidió atender a la llamada del predicador. Manifestó este buen deseo a su esposo, D. Saturnino Calderón, quien parece quiso dar largas al asunto.

Pero cual no sería la sorpresa de Dña. Mª Milagros, cuando fue su propio esposo quien poco después manifestó el propósito de edificar un templo y monasterio en honor de Ntra. Sra. de las Maravillas. Según confió a su esposa, vio claramente que la Virgen le miró y él después de largo tiempo lo refirió a la comunidad a instancias de Dña. Mª Milagros. (Quien esto escribe fue testigo de ello cuando él lo refirió con mucha humildad, en la fecha de sus bodas de oro de su matrimonio que celebraron con la Comunidad). Era la Virgen la que había movido los corazones de estos ejemplares esposos, para que levantasen una iglesia mariana e incrementar de este modo su culto. El Señor quiso premiar de esta manera la penosa odisea y continuos reveses que había sufrido la Comunidad.

El 13 de febrero de 1902 las carmelitas hospedadas en el convento de las Comendadoras de Santiago, recibieron la visita de quienes en adelante serían sus insignes bienhechores: D. Saturnino Calderón y Dña. Mª Milagros Gosálvez. El objeto de la visita era concretar la forma y manera de llevar a la práctica su propósito de construirles convento e iglesia. El día 20 del mismo mes y año, de nuevo se personaron en el locutorio de las Comendadoras los Sres. De Calderón, esta vez provistos de los planos, trazados por el arquitecto Manuel Ortiz de Villajos que sometieron a la aprobación de la Priora, Sor Elisa de Sta. Mª Magdalena de Pazzis y de la comunidad.

El día 20 de mayo de 1902 comenzaron las obras. Bendijo solemnemente la primera piedra el Sr. Obispo de la diócesis, D. Victoriano Guisasola. Poco más de dos años duraron las obras. El día 11 de Julio de 1904 se trasladó la comunidad desde las Comendadoras de Santiago a su nuevo convento, después de celebrar la santa misa el diligente capellán D. Vicente Uribe. Acompañadas de los Patronos, visitaron las religiosas las distintas dependencias del convento, tomando en el acto posesión del mismo. Se construyó en la finca propiedad de los Sres. de Calderón, sita en el barrio de Salamanca ahora Príncipe de Vergara. La Imagen de la Virgen fue trasladada por los cofrades y la velaron las horas que permaneció en nuestra parroquia de la Concepción.
El edificio dice bien con la sencillez y austeridad carmelitana. Es capaz para treinta religiosas. Tiene dependencias amplias y bien ventiladas.
La iglesia, de líneas sencillas y discretas, pertenece al estilo neogótico de los primeros años del siglo XX.
DON SATURNINO CALDERÓN Y DÑA. Mª MILAGROS GOSÁLVEZ
Estos dos nombres, esculpidos hoy en lápida de mármol en la iglesia de Ntra. Sra. de Maravillas, permanecen imborrablemente gravados en nuestros corazones. El recuerdo de su generosidad se transmite de generación en generación y con este recuerdo la obligación de orar por quienes tanto bien hicieron.
D. Saturnino Calderón
Nació D. Saturnino Calderón en Madrid el 4 de septiembre de 1867, de padres nobles y fervorosos cristianos. Cursó los estudios de derecho en la Universidad Central y contrajo matrimonio con Dña. Mª Milagros Gosálvez.
A instancias de su esposa se inscribió en la archicofradía de Ntra. Sra. de Maravillas, contribuyendo poderosamente a incrementar el culto de la Virgen bajo esta advocación. Murió el 8 de septiembre de 1947 en Villagarcía de Arosa, cuando contaba 80 años de edad. Su cuerpo amortajado con el hábito del Carmen, descansa en el sepulcro que él mismo mandó construir a los pies de la Virgen de Maravillas.
Dña. Mª Milagros Gosálvez nació en Madrid el 24 de abril de 1873, huérfana de padre y madre, quedó ya en la infancia heredera única de la inmensa fortuna de sus progenitores. De salud delicada necesitó de continuos cuidados. Por consejo de Dña. Pilar Salabat de Miralles, se encomendó a la Virgen de las Maravillas, entonces venerada en el paseo del Obelisco. Según propia confesión, recobró la salud prodigiosamente, motivo que contribuyó a aumentar su devoción a la Virgen Stma. De ella partió la iniciativa de la construcción del actual templo y convento de Ntra. Sra. de las Maravillas.

Dª Mª Milagros Gonsálvez
Asistía fervorosamente a los cultos en honor de la Stma. Virgen juntamente con su esposo, a quien contagió su amor y devoción a la Señora. Caritativa con los pobres se desvivía por ellos como una verdadera madre. Murió cristianamente en Villagarcía de Arosa el 19 de octubre de 1946. Amortajada con el hábito del Carmen, su cuerpo fue trasladado a la iglesia por ella erigida y colocada en el sepulcro hecho a los pies de la Virgen.
La Stma. Virgen a quien tanto amaron nuestros queridos bienhechores habrá premiado con largueza en el cielo su mucha caridad traducida en obras.

Guerra civil, 1936 – 1939
Mientras la comunidad permanecía viviendo su vida entregada a Dios cumpliendo su misión de orantes, se cernía sobre España una sangrienta persecución religiosa.
El 11 de mayo de 1931 los señores de Piqueras se llevaron la Sgda. Imagen de la Virgen a su domicilio particular, donde permaneció hasta el mes de Diciembre; la comunidad se vio obligada en la misma fecha a abandonar el convento y acogerse a la caridad de familias piadosas. Durante ocho días permanecieron fuera del monasterio, al cabo de los cuales volvieron de nuevo a la clausura. La escena se repitió algunas veces más, pero sin más consecuencias que los consiguientes sobresaltos.
Llegó el 18 de julio de 1936. La solemne novena del Carmen quedó interrumpida. Escondieron la Imagen de la Virgen en un hoyo del patio o jardín construido por los Patronos. El pequeño Niño Jesús lo tenían consigo los Sres. de Calderón en su casa de Galicia. Abandonaron las religiosas el convento y acudieron a refugiarse en casas particulares. Al día siguiente que era domingo, M. Josefa del Pilar, priora, y alguna otra religiosa volvieron al convento. Mientras se celebraba la misa de 12, irrumpieron las turbas en el sagrado recinto y hubo de suspenderse la celebración del santo Sacrificio.
Penetraron en la sacristía y en la clausura; las monjas se vieron obligadas a huir precipitadamente. El 20 de julio convento e iglesia se vieron envueltos en llamas. No quedaron arrasados por las precauciones tomadas por los vecinos, para que las llamas no llegasen a sus viviendas.

La comunidad se dispersó y tuvo que sufrir las consecuencias terribles de la persecución empezando por la M. Priora M. Josefa del Pilar.
Algunas de las religiosas pasaron a la zona nacional y fueron admitidas en distintos conventos; otras fueron a casas de sus familiares y otras se pusieron a trabajar para ganarse el sustento. Durante este tiempo de persecución, la Hna. Mercedes del Niño Jesús muy valiente y decidida, entraba alguna que otra vez al convento ocupado por los milicianos, para ver si podía recoger algunas cosas, que en efecto recogió, pero desgraciadamente todo el material histórico del archivo se perdió. Sor Concepción de la Trinidad, la cronista de aquel tiempo pasó cuatro meses en la cárcel, ella no se extiende más en esto y advierte que si refiriese las odiseas de aquellos años y de las religiosas, se hubiera hecho interminable.
Al finalizar la guerra civil, las monjas se reunieron en un piso de la calle Alcalá, n° 127 propiedad de los Señores de Calderón. Era el 28 de marzo de 1939. Mientras tanto, los Patronos -o «Padrecitos», como les llamaban cariñosamente las religiosas-, se encargaron de reconstruir el convento e iglesia, lo cual concluyó el 30 de enero de 1942.
Lo que más lamentamos todos fue la desaparición de la querida Imagen de la Virgen, por lo que después de buscar y cerciorarse por todos los medios no apareció, pues ni siquiera existía ya el hoyo donde fue guardada, por haberse abierto en ese sitio la escalera que conduce al refugio que hicieron para resguardarse de los bombardeos.

Ante la irreparable pérdida decidieron tallar otra Imagen a imitación de la original que es la que veneramos hoy en el camarín. Este delicado cometido y su coste fue realizado por los señores marqueses de Algara de Gres, sobrinos de los señores de Calderón, que le encargaron al renombrado escultor Federico Coullart Valera, el mismo que, años más tarde esculpiría en mármol el altar lateral de la Virgen de Altagracia, patrona de la Rep. Dominicana.
SE ESTABILIZA LA COMUNIDAD
Después de tres años dispersa la Comunidad, en 1939 se organizó la vida conventual en el piso ya citado, en torno a una pequeña capilla que instalaron en una de las dependencias de la vivienda. Los Padres Carmelitas de la calle de Ayala, les atendían espiritualmente, celebrando el culto litúrgico con lo que se estableció la normalidad comunitaria en el piso donde vivían. A partir del tres de agosto de 1940 se trasladaron a las dependencias habitables del convento, aunque con grandes incomodidades y privaciones de toda clase. Organizaron las normas establecidas de la clausura y la vida comunitaria.
Viendo que la comunidad había quedado reducida, el Asistente General de la Orden, Padre Andrés Leal, obtuvo el conveniente permiso para el traslado de religiosas de otros conventos.
Previo el voto favorable de la comunidad, el 5 de enero de 1941 se trasladaron cuatro religiosas pertenecientes al convento de Utrera (Sevilla) Y una de Granada: Hnas. Carmen Molero, Eugenia Mendaro, Teresa Aranda y Magdalena Leiva.
El 9 de enero de 1941 el Visitador del Obispado, D. Emilio González, hizo público el nombramiento de priora a favor de la M. Carmen del Amor de Dios Molero, del convento de Utrera.
Esta ayuda fue muy eficaz, prueba de una parte, la virtud de las monjas de este Monasterio de Maravillas, y de otra, el sacrificio y buen espíritu de quienes abandonaron su comunidad de origen. La comunidad se guiaba por las Constituciones aprobadas por la Santa Sede el 28 de marzo de 1936 y promulgadas por el Prior General, Padre Hilario Mª Doswal para todas las monjas de la Orden.
RECORDANDO A ALGUNAS RELIGIOSAS
La pérdida del archivo conventual nos ha privado de notas sobre las monjas de vida edificante que, sin duda, vivirían en el convento. Solamente una vocación a toda prueba pudo resistir la triste odisea de una comunidad que sufrió toda clase de contrariedades.
Existen breves semblanzas de algunas religiosas en apuntes incompletos que recogió Sor Concepción de la Stma. Trinidad con brevísimos rasgos de su vida, quizá transmitidos oralmente. Recuerda a Sor Carmen de San Juan de la Cruz fallecida en 1911, quien se distinguió por su caridad y cuidado con las enfermas; a Sor Elisa de Sta. Magdalena, devotísima de la Virgen de las Maravillas e historiadora del convento, quien murió en torno al año 1913; a Sor Mª del Carmen de la Sagrada Familia, fervorosísima y excelente religiosa, fallecida en 1920; fue hermana del Padre Rafael Sarriá, provincial de los carmelitas de Aragón y Valencia, mártir en la guerra de 1936-1939; A Sor Teresa de Sta. Filomena, quien profesó en 1853 y que fue una excelente religiosa. Sofía de Sta. Eufrosina Durán. Nacida el 11 de febrero de 1863 en Madrid, vistió el hábito el 25 de Febrero de 1884. Con ejemplar dedicación y entrega desempeñó los cargos de organista y tornera. Fue siempre la alegría de la comunidad. Siguió la odisea de los avatares de su comunidad, entre otros la guerra civil. Fue devotísima de la Santa Faz. Murió santamente el 26 de diciembre de 1947.
INCREMENTO DE CULTO EN EL TEMPLO
Uno de los deberes principales de la comunidad, es favorecer el culto de la iglesia junto con la Archicofradía de Ntra. Sra. de las Maravillas, celebrando con solemnidad su novena, la salve de los sábados y la asistencia constante al culto dirigido por el capellán de la comunidad.
Desde 1948 los Padres Carmelitas de Castilla habitaron una de las dependencias que había disponibles. Nombrados por el Sr. Patriarca -Obispo, D. Leopoldo Eijo Garay, capellanes de la archicofradía de Ntra. Sra. de las Maravillas, atendiendo con solicitud al culto que se fue incrementando notablemente. La asiduidad en el confesionario, la predicación, la frecuencia de misas hace que la iglesia se vea continuamente concurrida de fieles. Todo ello ha redundado en bien del convento. El año 1985 a petición de nuestra comunidad estando vacante la capellanía fueron nombrados los Padres carmelitas capellanes de la comunidad por el Arzobispo, Don Ángel Suquía.
Como en los primeros años de la fundación, los padres carmelitas atienden también espiritualmente a la comunidad y en la asiduidad de las celebraciones litúrgicas.
Es de notar que por razones de escasez de personal los padres dejaron de habitar esta casa el día 1 de septiembre de 1999 y se trasladaron a la vivienda de la calle Pintor Ribera, n° 9, aunque siguen atendiendo de igual forma a nuestra comunidad y al culto de la iglesia.
Fundaciones en la Republica Dominicana y Filipinas
REPUBLICA DOMINICANA
El número de religiosas creció de tal forma en nuestra comunidad en ese tiempo que se creyó conveniente hacer una nueva fundación. La Rep. Dominicana fue el lugar elegido, la Providencia se sirvió para ello de Dña. María Grullón, viuda de Llomparrt, natural de Sto. Domingo que ingresó como postulante en el año 1953. Sus deseos de fundar un monasterio de carmelitas contemplativas en su país encontraron calurosa acogida en la comunidad y en el Rvdo. Padre Alfonso Mª López Sendín, Comisario General de los Padres Carmelitas de Castilla.
El mencionado Padre en nombre de la comunidad, se dirigió el 5 de noviembre de 1953 al Arzobispo de Sto. Domingo, solicitando permiso para la fundación de un convento de carmelitas de clausura en San José de las Matas, pueblo situado en la demarcación que hoy es diócesis de Santiago de los Caballeros. El Arzobispo contestó en sentido afirmativo el 2 de diciembre de 1953.
La carta de Monseñor Veras, fechada en la ciudad de Trujillo el 25 de mayo de 1954 y dirigida a Dña. María Grullón, consta que, si bien no tenían todavía la escritura de propiedad, se daba como un hecho la donación de una hermosa finca por parte del Gobierno.
Obtenido el permiso del Arzobispo de Sto. Domingo, se procedió a pedir la licencia al Sr. Obispo-Patriarca de Madrid-Alcalá. El primer escrito solicitando su autorización data del 3 de junio de 1954 y en él la M. Priora, Sor Teresa de San Luis Aranda, presentó una serie de documentos en los que se comprueba: 1) que el Gobierno de la Rep. Dominicana ofrecía un terreno con una casita en San José de las Matas. 2) Que dicho Gobierno desde el comienzo del año pagaba ciento cincuenta dólares mensuales, para sustento de las religiosas de dicha fundación. 3) Que ya tenían el permiso del Arzobispo de Sto. Domingo, etc.
Dispuesto todo lo necesario salieron de España el 11 de diciembre de 1954 siete religiosas, al frente de las cuales, como priora, la M. Carmen Molero. Llegaron a Sto. Domingo el día 25 del mismo mes y año. El 16 de enero de 1955 se inauguró solemnemente el convento con asistencia del Sr. Obispo Auxiliar de la diócesis de Santiago de los Caballeros, Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito.

La correspondencia de los años inmediatos a la fundación prueba que los primeros tiempos fueron muy duros, pero gozaron de la simpatía del pueblo, del clero y de las autoridades, debido a su espíritu de sacrificio. Su principal interés fue implantar la clausura y el aumento de vocaciones nativas, que pronto florecieron atraídas por su vida de oración y sacrificio.
Ante la reducida casa en que vivían hicieron las gestiones necesarias para la búsqueda de otro lugar más acomodado a sus necesidades lo que dio su fruto. Al Gobierno de la Rep. Dominicana se le debe en buena parte la construcción del nuevo edificio de Santiago de los Caballeros. Ayudaron también personas devotas y se logró inaugurar el nuevo convento a los siete años de permanencia en la Isla. La comunidad se consolidó de tal forma que, en 1974 la formaban 30 monjas. De este convento salieron algunas hermanas para la fundación de La Vega en la misma Rep. Dominicana y más tarde también en la capital de Sto. Domingo.
FILIPINAS
Con la salida de la primera fundación de Santo Domingo, se vio la bendición de Dios sobre la comunidad en forma de abundantes vocaciones. El Padre Fidel M. Fernández Limcaco, carmelita filipino formado en conventos de Norte América y Roma, visitó la comunidad de Madrid, exponiendo el deseo de hacer una fundación de monjas carmelitas de clausura en Filipinas. La comunidad acogió ese deseo de fundar un monasterio carmelita en Filipinas.
Habiendo aceptado la fundación en carta al P. Lincaco de 22 de junio de 1957, piden buscase lugar apropiado para la vida de la comunidad. Sus gestiones dieron los mejores resultados. Logró en efecto que el Señor Obispo de la diócesis de Dumaguete, Mons. Epifanio B. Surban patrocinara la fundación.
La carta dirigida al P. Comisario General de los Carmelitas de Castilla, P. Alfonso López del 6 de febrero de 1958 y a petición de éste, le comunicó su compromiso formal de proporcionarles casa, asistencia espiritual y medios de subsistencia.

A su vez la M. Priora, Sor Teresa de San Luis Aranda, el 22 de febrero de 1958, envió al Papa la solicitud para que diese el permiso de fundación canónica. La petición al Sr. Obispo de Madrid-Alcalá fue formulada el 26 de abril de 1958. Se cursó también al Sr. Nuncio el 8 de mayo de 1958, pidiendo licencia para salir de clausura seis religiosas a dicha fundación de Filipinas. Estos dos últimos documentos están firmados por la nueva priora Sor Mª del Amparo de San José Ibáñez.
Cumplidas todas las formalidades, la expedición compuesta por seis monjas, en las que figuraba, como Priora la M. Trinidad del Sgdo. Corazón de Jesús Cuesta, salieron del convento el día 3 de octubre de 1958 con dirección a Barcelona y se hospedaron en el convento de nuestras hermanas carmelitas de clausura de las Corts. El seis del mismo mes partieron para Marsella en compañía del P. Bartolomé Bassols, para embarcar al día siguiente, rumbo a Filipinas. Fue un gesto de delicadeza de los Padres carmelitas de Cataluña.
El día 9 de noviembre llegaron a Manila. Allí les esperaba el Padre Lincaco. Se hospedaron en el monasterio de las Dominicas de Manila. En la tarde del 12 de noviembre partieron a Cebú, desde donde tomaron el avión para Dumaguete. Allí estaba el Vicario General del Obispado, quien les acompañó a la casa de las hermanas de San Pablo de Chartres. Tenían preparada una vivienda provisional, el traslado del Santísimo desde la Catedral a dicha vivienda se fijó para el día 16 del mismo mes, fue una ceremonia solemne emotiva y concurridísima presidida por el Sr. Obispo. Pronto llegaron cuatro vocaciones con lo que aumentó la comunidad.
El día 30 de mayo de 1964 se trasladaron al nuevo convento todavía en construcción en las afueras de la ciudad de Dumaguete, aunque la capilla no pudo inaugurarse hasta el 19 de noviembre de 1977. La construcción no fue muy sólida y hubo de renovarse posteriormente.
La comunidad de Dumaguete fue creciendo y en 1990 pudo hacerse una fundación en la isla de Roxas City, Diócesis de Capiz, formada exclusivamente por monjas filipinas. Después en 2009 salieron seis hermanas filipinas para una nueva fundación en Bohol, diócesis de Tagbilaran.
Hermanas de vida edificante
Recordamos a las hermanas que se han destacado por su vida edificante, por ser para nosotras un estímulo y modelo de vida que nos lleva a fijarnos en el Absoluto, modelo que llena nuestra existencia.
Josefa del Pilar Martín
Nació el 13 de octubre de 1872 en Herguijuela de Tormes (Ávila).
Ingresó en este convento el 25 de octubre de 1905 que en el año anterior se había inaugurado en el barrio de Salamanca, calle Príncipe de Vergara.
De carácter fuerte era al mismo tiempo caritativa, humilde y sencilla. Durante muchos años desempeñó los cargos de maestra de novicias y priora. Precisamente desempeñaba el cargo de priora al estallar la guerra civil de 1936 y fue ejemplar su solicitud para que a las hermanas dispersas no les faltase lo necesario, especialmente se ocupaba de una hermana enferma. Con su propio trabajo trató de ayudar a todas. Fue para ella motivo de gran consuelo el ver de nuevo reunida la comunidad y edificante su cuidado y desvelo por reconstruir la comunidad, permaneciendo siempre fiel al cumplimiento de sus deberes. Recibió los últimos Sacramentos con toda lucidez, y murió santamente el 4 de diciembre de 1961.
Trinidad del Sgdo. Corazón de Jesús Cuesta.
Nació en Villanueva de la Torre (Palencia) el 3 de octubre de 1904 en el seno de una familia de nueve hermanos y de padres profundamente cristianos. Estudió en el internado de las MM. Benedictinas, en Palacios de Benaver (Burgos). El 30 de mayo de 1920 ingresó en este convento donde vistió el hábito el 1 de diciembre del mismo año y el seis de diciembre de 1921 hizo la profesión Temporal, renovándola hasta emitir la Profesión Solemne el 4 de octubre de 1925.
Dotada de rica personalidad y exquisita delicadeza, fue la responsable del coro y directora de canto de la comunidad durante muchos años; dominaba admirablemente el canto gregoriano. M. Trinidad se distinguió por su amor profundo a la Orden y a las dos comunidades en que vivió. Con inteligente disponibilidad ocupó varios cargos: enfermera, tornera, ecónoma, primera consejera, Maestra de novicias y Priora de la Comunidad de Dumaguete (Filipinas), hasta su muerte. En todos los cargos, dio siempre pruebas de disponibilidad y obediencia a la voluntad de Dios; así como de las virtudes de prudencia, fortaleza y sentido de responsabilidad. Su modelo era la Virgen María; se emocionaba hablando de Ella e impulsaba a imitar a tan buena Madre.
El día 3 de octubre de 1958, Sor María Trinidad, cuando contaba 54 años de edad, salió con las cinco hermanas para fundar un nuevo Monasterio en Dumaguete (Filipinas), bajo el título y protección de Ntra. Sra. de las Maravillas. Con admirable entereza y fortaleza de ánimo se despidió de todo y de todos para siempre.
Dada su delicada salud su naturaleza se fue quebrantando; pero ella unida a Jesús clavado en la Cruz, disimuló cuanto pudo, mientras su cuerpo se iba consumiendo lentamente, soportando durante varios años fuertes dolores con admirable resignación.
Ingresada en un hospital de Manila descansó en la Paz del Señor, el día 4 de octubre de 1967 a los 63 años de edad y 47 de vida religiosa. Fue un alma de temple que vivió su consagración al Señor, con total entrega a su vocación de monja carmelita.
Carmen del Amor de Dios Molero.
Carmen nació el 16 de Marzo de 1889 en Hinojosa del Duque (Córdoba), sus padres fueron Dionisio Molero y Ricarda Aranda, bautizada el 21 del mismo mes y confirmada el 21 de octubre de 1890. Huérfana a los 3 años fue cuidada por una tía suya. A la sombra del convento de los Padres Carmelitas de su pueblo natal, fue formándose su vocación. Ingresó como postulante en las carmelitas de clausura de Utrera (Sevilla), el día 14 de octubre de 1910 acompañada por su primo el Padre Alberto Murillo Molero. Emitió la primera Profesión el 21 de septiembre de 1913 y el 15 de octubre de 1916 se entregó para siempre al Señor por la Profesión Solemne. Religiosa ejemplar y observante era el ejemplo de una auténtica carmelita. El enfoque sobrenatural de todas sus acciones constituyó uno de los rasgos sobresalientes de su vida.
De esta profunda vida interior dimanaba una dulzura y mansedumbre en su trato que cautivaba a las hermanas que convivieron con ella y a cuantos la trataban. Concluida la guerra civil, El año 1940 fue trasladada de Utrera a Madrid para ayudar a esta comunidad donde pronto fue nombrada Priora.
El 11 de diciembre de 1954 salió para la fundación de Santo Domingo, allí fue elegida varias veces priora y continuó siendo un ejemplo de todas las virtudes para la comunidad y para cuantos trataba. Ya en su ancianidad necesitaba los cuidados de las hermanas; poco antes de morir repetía muchas veces: Señor, acéptame. ¡Madre mía! El día 23 de agosto de 1972 partió a la Casa del Padre.
Época contemporánea
El breve recorrido por la historia de cuatro siglos de la Comunidad nos deja a mediados del siglo XX, cuando en los años 1950 empezó a cuestionarse la vida contemplativa de clausura. Ante la preocupación por la precaria situación en que se encontraban muchos monasterios, debido a diversas causas político-culturales, el Papa Pío XII, consciente de la situación salió al frente con la Constitución «Sponsa Cristi», del 21 de noviembre de 1950, en la que exhorta a la apertura de las comunidades, a la ayuda mutua y a las Federaciones para salir del aislamiento. Estas iniciativas fueron bien acogidas, porque en realidad era necesario llevar a cabo la renovación que con aquel documento nos exigía la Iglesia a todos los monasterios. Era ineludible responder a esta llamada, ya que se trataba de ir analizando nuestra razón de ser, a lo que hemos sido llamadas, según nuestro propio carisma. Se nos invitaba al diálogo, a la solidaridad y a no quedarnos como miembros extraños en el cuerpo de la Iglesia.
CONCILIO VATICANO II
El Concilio Vaticano II iluminó la vida de los conventos de clausura para ver cómo realizar una auténtica renovación según las directrices emanadas del mismo. Nos comprometimos sinceramente a revisar la vida comunitaria con todas sus normas y costumbres guiadas por los Documentos que tratan de la vida contemplativa: «La vida contemplativa es inamovible, sin embargo su género de vida ha de ser revisada de acuerdo con los principios y criterios de una adecuada renovación» PC, 7.
Prosiguiendo esta revisión, en el año 1974, se empezó la revisión de las Constituciones con reuniones a nivel comunitario, nacional e internacional, promovido por los superiores de la Orden.
Las Constituciones fueron aprobadas por la Santa Sede el 14 de noviembre de 1975 «ad experimentum» y publicadas por el Prior General de la Orden P. Falco J. Thuis.
FEDERACIÓN
En contacto con otros monasterios se trabajó y fue madurando la idea de la agrupación de los monasterios de España como medio conveniente para fomentar la fraternidad carmelita, la ayuda mutua y los medios para la formación inicial y permanente. El fin de la Federación está bien definido en la «Verbi Sponsa» año 1999 que es para la ayuda y coordinación entre los Monasterios para poder realizar su misión en la Iglesia. Su fin principal es promocionar los valores de la vida contemplativa de los Monasterios que forman parte de la misma Federación (VS, 27). Según los Estatutos es intensificar la vida carmelita, favorecer la fraternidad, promover una completa formación, la ayuda de personal, y la ayuda material y económica.
Después de un largo discernimiento y consultas se erigieron tres Federaciones en España. Nuestra Comunidad con los otros dos Monasterios de Castilla nos unimos con los Monasterios de Aragón y Valencia para erigir la Federación «Mater Unitatis«. Se celebró la primera Asamblea Federal en nuestro Monasterio el día 24 de junio de 1980 presidida por el padre Stefano Possanzini, Delegado General para las Monjas y padre Jaime Andrade Consejero General. Hasta el presente se han celebrado siete asambleas federales, con distintas presidentas y consejeras federales.
La Federación ha sido en efecto una ayuda en todos los aspectos que señalan los Estatutos para el fin de la misma en proyectos y realizaciones en bien de las comunidades y de las Hermanas en particular.
Actualidad
Nuestra comunidad carmelita está dedicada a la oración bajo la mirada de la Virgen de Maravillas, en su convento ubicado en el Barrio de Salamanca, desde 1904 cuando este lugar era un campo que favorecía la vida contemplativa. Es interesante comprobar ahora que a pesar del gran tráfico y urbanización, no llegan los ruidos ni estorban la vida de oración. No cabe duda que este remanso de paz puede ser para este populoso barrio un signo de la presencia de Dios. Son muchas las personas que diariamente se acercan a nosotras y frecuentan nuestra iglesia experimentando esta presencia.
La comunidad se compone de 14 hermanas profesas, que viviendo actualizado el «propositum» de la Regla Carmelita, se rigen por las Constituciones y Directorio General aprobados en 1988, promulgadas por el Prior General de la Orden John Malley; por los Estatutos elaborados por la Comunidad y actualizados cada cierto tiempo y por el Proyecto comunitario.
Estos tres documentos son un medio para comprometernos a cumplir el ideal de la vida carmelita con el horario que nos ayuda a estar siempre alerta en el servicio de Dios.
Horario
6,25 Levantarse
7 Laudes
8,30 Eucaristía (12 domingos)
9 Tercia y desayuno
9,45 Trabajo
1,15 Sexta y comida
2 Recreo
3 Descanso
4 Nona y Of. De Lecturas
4,30 Ensayo
5 Lectura y formación
6,20 Vísperas, Exposición del Santísimo y Rosario.
7,30 Lectio divina y oración
9 Cena y recreo
10,30 Completas y descanso.
El cumplimiento de las leyes y normas establecidas, es una forma de amar, en la dimensión concreta de fidelidad y servicio de «Dios amado sobre todas las cosas» (LG 44). Es en este servicio y en los actos que se realizan a lo largo de la jornada, donde se consolida la unidad comunitaria: mediante el desempeño de los oficios propios del monasterio. Además de la formación, el estudio, la oración litúrgica, la preparación para las celebraciones litúrgicas que se hacen a diario con participación de los fieles, en colaboración con los Padres Carmelitas que atienden el culto de la iglesia, es el modo peculiar de servir a la sociedad y solidarizarnos en la dimensión apostólica de la Iglesia.
Un medio de comunión fraterna es la obligatoriedad del trabajo, como medio eficaz de perfeccionamiento personal, que favorece la vida contemplativa, «que nos solidariza con el común de los hombres y además como una exigencia de la pobreza religiosa, colaborando también en la acción redentora de Cristo«.
Con la aplicación al trabajo queremos «seguir las huellas de la Virgen María que mientras estaba en este mundo, trabajando como los demás, estaba constantemente unida a su Hijo» (Const.88).
NUESTRA MISION APOSTÓLICA
«La monja carmelita, fiel a la tradición de la Orden, presta un servicio al Pueblo de Dios gastando su vida en la presencia de Dios, en el ardor de la oración, a semejanza de Elías inspirador del Carmelo«, orientando toda su vida a la escucha de la Palabra de Dios, cumpliendo el compromiso de vivir en «Obsequio de Jesucristo» como actitud propia de la Carmelita. (Const. 22)
En esta vida en unión con Cristo, la comunidad vive la actividad perenne de la Iglesia en comunión profunda con la Iglesia particular, acogiendo en nuestra oración las intenciones y preocupaciones de la parroquia y de la diócesis, en relación con las hermanas y hermanos que trabajan en zonas de misión.
La comunidad contemplativa es por sí misma apostólica, germen de vida y acción, estando «en el corazón de la Iglesia«, según la conocida expresión de Sta. Teresa de Lisieux. (Ms B) Se hace realidad esta silenciosa misión ayudando y solidarizándonos con quienes trabajan por establecer el Reino de Dios en el mundo.
Prosiguiendo la historia y los ejemplos de las Hermanas que nos precedieron, realizamos nuestra vocación carmelita en el breve curso de esta vida terrena arraigadas en Cristo, para que cuando termine nuestra historia personal, nos encuentre el Señor con la «lámpara encendida». (Mt 25,7)
