Madre Trinidad

DATOS BIOGRÁFICOS

Madre María Trinidad del Sgdo. Corazón deJesús nació en Villanueva de la Torre (Palencia), el 3 de octubre de 1904, en el seno de una familia numerosa; sus padres, Eladio y Engracia, fervorosos cristianos de acendrada piedad, dieron a sus nueve hijos(dos niñas murieron de corta edad) una esmerada educación, principalmente en el aspecto religioso; prueba de ello es que tres se consagraron al Señor en la vida religiosa.

Nuestra Sor Mª Trinidad (de bautismo, Florencia), junto con otra de sus hermanas, se educaron en el internado de las MM. Benedictinas de San Salvador, en Palacios de Benaver (Burgos). Allí, la niña Florencia se aplicó mucho al estudio, aprendió cultura y religiosidad y pronto afloró en ella la inclinación a la vida contemplativa. Desdeñó los estudios superiores que sus padres deseaban siguiera, animados por el ruego de las mismas profesoras de la joven, y con miras a su consagración al Señor, se dedicó al estudio de la música y canto gregoriano.

A los quince años, decidió consagrarse a Dios en la vida contemplativa y el día 30 de mayo de 1920 ingresó en el Monasterio de Ntra. Sra. de Maravillas de Madrid. Su buen padre, emocionado, la acompañó y, con la mayor generosidad hizo la ofrenda al Señor de su holocausto querido. Vistió el santo hábito el 1 de diciembre del mismo año de 1920 e hizo la Profesión temporal el 6 de diciembre de 1921, renovándola hasta emitir la Profesión Solemne el 4 de octubre de 1925, cumplida la edad requerida.

Dotada de rica personalidad, era de carácter tímido y a la vez fuerte y decidido, lo que le ofrecía ocasión de muchos y extraordinarios vencimientos, ya que a su alma sensible y delicada le afectaban y penetraban mucho las cosas. Ocasión para estos meritorios vencimientos, fue el cargo de responsable del coro y directora de canto, tareas que desempeñó durante muchos años. Era celosísima del Culto Divino y dominaba admirablemente el canto gregoriano, mereciendo que un profesor de música la llamara «La Gregorianista». Amaba entrañablemente a la Comunidad, donde se encontraba dichosa y plenamente realizada, segura y tranquila en los brazos de la Virgen María Ntra. Señora a quien tanto amaba.

Con inteligente disponibilidad desempeñó varios cargos: enfermera, tornera, ecónoma, primera Consejera, Maestra de novicias durante varios trienios y Priora de la Comunidad de Dumaguete, casi desde que se inició la fundación de este convento filipino hasta su muerte. En todos los cargos, dio siempre pruebas de disponibilidad y obediencia a la voluntad de Dios, así como de las virtudes de, prudencia, fortaleza y sentido de responsabilidad. Su modelo era la Virgen María; se emocionaba hablando de Ella e impulsaba a imitar a tan buena Madre.

Cuando en 1936 estalló en España la guerra civil, fue indecible lo que tuvo que sufrir, al ser exclaustrada la Comunidad. Imposibilitadas de acogerse a sus respectivos familiares, las religiosas tuvieron que dispersarse y Sor María Trinidad se puso a trabajar de doncella en casa de una familia extranjera, en compañía de su otra hermana carnal Sor Trinidad de San José, monja Dominica de Toledo. Las dos se desvivieron por las monjas ancianas, refugiadas en pisos de personas conocidas y caritativas.

Terminada la guerra y unidas de nuevo las religiosas Carmelitas en su derruido Monasterio, Sor María Trinidad seguía su camino hacia la santidad, sirviendo a la Comunidad con nuevo fervor y nuevo impulso, resplandeciendo en ella, aunque muy calladamente, la humildad, caridad y delicadeza por la que velaba, a la vez que adoctrinaba a las novicias con el ejemplo. Solía decir: II Hay que estar muy atentas a la Palabra de Dios y observar con perfección nuestra Regla y Constituciones, y esa será la mejor manera de conocer la voluntad del Señor».

Cuando en 1953 determinó la Comunidad fundar un Monasterio de Carmelitas en Santo Domingo (República Dominicana), Sor Mª Trinidad fue una de las principales impulsoras, guiada por su gran espíritu apostólico y amor a la Orden. Fue la primera en ofrecerse, pero no se le permitió ir a la Rep. Dominicana. El Señor, en su providencia, la tenía destinada para hacer otra fundación en Filipinas, cuatro años más tarde.

El día 3 de octubre de 1958, Sor Mª Trinidad, cuando contaba 54 años de edad, y con seis Hermanas más de la Comunidad, salían para fundaron nuevo monasterio en la isla de Los Negros-Dumaguete (Filipinas), bajo el título y protección de Ntra. Sra. de las Maravillas.

Le costó mucho tener que dejar a su amada Comunidad ya su familia a la que tanto quería, pero con admirable entereza y fortaleza de ánimo, se despidió de todo para siempre con aquella frase dirigida a su hermano menor: «¡Hasta el Cielo!»

Elegida Priora por el grupo fundador cuando establecieron Comunidad, y dada su débil complexión, tuvo que sufrir mucho por las dificultades que conlleva una fundación: edificación del Monasterio con falta de medios económicos, distinto idioma, e incluso el clima, que afectó bastante a su salud. Tanto, que su naturaleza se fue quebrantando poco a poco; pero ella, tan sacrificada y deseosa de sufrir con Jesús clavado en la Cruz, disimuló cuanto podía, mientras su cuerpo se iba consumiendo lentamente durante varios años, víctima de toda clase de enfermedades y dolores agudísimos. En 1961, le aparecieron profundas úlceras en las piernas, lo que la tenía postrada en cama sin poder moverse, mientras sufría terriblemente Soportando aquel calor tropical. Su situación llegó a tal extremo, que el Doctor trató de amputarle una pierna, aunque no lo realizó.

Las Hermanas que la cuidaron dan testimonio de que no se quejaba; sólo de vez en cuando se le oía decir: «Jesús mío, Padre mío, por tu Amor», Sí, su vida fue una alabanza, una entrega de Amor. Se recuperó un poco y así iba pasando el tiempo: unas veces, ingresada en el hospital de Dumaguete y otras, en el Convento, hasta el 26 de mayo de 1967 en que fue ingresada en un hospital de Manila, donde trataron de mejorarla por todos los medios, pero inútilmente.

Los médicos, enfermeras y todos los que se acercaban a ella, quedaban admirados de su amor a Dios, su cordialidad, serenidad y entereza; pero sobre todo, edificaba verla cumplir con fidelidad todo su horario de rezos y orar constantemente en medio de tantos dolores.

Permaneció en el Hospital de Manila hasta el 4 de octubre de 1967, en que falleció a los 63 años de edad y 47 de vida religiosa. Fue un alma de temple recio, que vivió en el amor y con radicalidad su consagración al Señor y su vocación de monja carmelita. Fruto de tantos sacrificios y de la total entrega a su Divino Esposo fue la nueva fundación en la Diócesis de Roxas, que se titularía Monasterio de la Santísima Trinidad en recuerdo de ella. Gran parte de lo que precede es testimonio de varias monjas antiguas novicias suyas, que desean se cumpla en todo la voluntad de Dios, sobre esta hija suya que tanto Le quiso.