Un pedacito de cielo en Madrid

“Aquí estoy como está escrito en tu libro, Para hacer tu voluntad”. (salmo 39,8-9)

El monasterio de Nuestra Señora de las Maravillas es un remanso de paz dentro del caos continuo de Madrid, es un lugar cerrado al mundo pero abierto a Dios, es un faro de luz en medido del barrio Salamanca de Madrid.

Catorce monjas carmelitas están dentro de sus muros y se rigen por la regla de San Alberto de Avogadro, son unas normas de vida del año 1.247 a las que las monjas se han abrazado, es el abrazo a la cruz de Cristo y ellas la llevan alegremente y con una sonrisa en la cara y en los corazones, lo que demuestra, que someterse voluntariamente a esta regla, es posible hoy en día. Son las nuevas eremitas-cenobitas del siglo XXI, “viven en obsequio de Jesucristo y le sirven fielmente con el corazón puro” -como reza la regla-.

Viven en castidad y pobreza, no tienen nada propio y son inmensamente felices, ¿Cómo es posible ser feliz así? Tienen a Dios y Dios lo llena todo, llena la vida de cada una de ellas plenamente, como hiciese María la hermana de Marta, han elegido lo mejor: “Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.” Lc. 10, 41-42

¿Son libres? Son más libres que los que vivimos en el mundo, Han elegido libremente hacer los planes de Dios en vez de sus propios planes, son libres para hablar continuamente con Dios, son libres para ofrecerles todas sus obras y pensamientos, son libres para entregar su vida a su Esposo, Son las esposas de Cristo. Viven dentro del carmelo una libertad que difícilmente se encuentra fuera de sus muros.

Llevan el hábito monacal, no es un simple vestido, no es última moda, es el escapulario del Carmen, es el uniforme de los soldados de Cristo, es también el traje de novia, el ajuar de las esposas de Jesucristo es “la armadura de Dios para poder resistir los ataques del enemigo”. Es el uniforme del combate espiritual y por lo tanto es también un uniforme interior.

Un buen día todas ellas abandonaron la sociedad, el ruido, su familia, su futuro civil, hoy en la calle Príncipe de Vergara tienen su monte Carmelo, encuentran el silencio del desierto, y forman una gran familia fraternal. Dentro del convento el tiempo corre a su favor, para los de fuera, corre en nuestra contra. Pero sus oraciones y sacrificios hacen que este mundo sea un poco mejor, la Iglesia entera se santifica más cada día por su continua adoración. Gracias a mujeres valientes como ellas, los que estamos fuera recibimos continuamente recompensas de Dios sin ni siquiera merecerlo.

El convento de Nuestra Señora de las Maravillas es un pedazo del cielo en la tierra.

¡Viva Cristo Rey!

El webmaster.

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